Esta mañana, estando fuera, he tenido una reflexión "autoflagelante" que me ha hecho sentir tanto desahogo que la he anotado en el móvil. Ahora la releo para reflejarla aquí, y ya no me impresiona ni me convence tanto; quizá demasiado radical, quizá algo imprecisa, o por el contrario quizá más obvia de lo aparente. Ahora creo que me merece la pena expresarla en el blog precisamente por ese cambio de impresión en apenas un día:
Y después de tantos años poniendo a caldo a la sociedad, aquí sigo, atado a ella: O fui hipócrita, o soy cobarde. Pero para sentirme bien me digo a mi mismo que fui ingenuo, que soy más maduro: En ese caso, ¿en qué momento vi la luz? Creo que nunca: En vez de vivir como pensaba, empiezo a pensar como sigo viviendo.
"Todos somos mucha gente, todos llevamos a muchos dentro, personas con los mismos recuerdos que nosotros que nos van ganando terreno y al final nos sustituyen. En eso consiste la madurez. En no reconocerse". (Los años extraordinarios, Rodrigo Cortés)
sábado, 18 de abril de 2009
viernes, 17 de abril de 2009
Cumplido plan 23: Luar Na Lubre en directo
Volví a reencontrarme con la música en vivo, varios meses después, y con un último precedente absolutamente olvidable por parte de Mägo de Oz. En esta nueva ocasión, afortunadamente la calidad brilló por los cuatro costados.
La Música Celta, últimamente tan de moda, parece un caso bastante singular: un estilo que, siendo auténtico, de calidad, y con profunda raíz cultural, parece tener la capacidad de gustar a practicamente cualquiera. Esto resulta muy difícil de encontrar hoy en día, y debemos dar las gracias por ello a la perversión cultural a que nos someten muchos medios de comunicación de masas, además de a los sistemas educativos (al menos en mi época de estudiante la música parecía ser el arte ninguneado cuando estudiábamos historia, o la eterna asignatura optativa).
Los gallegos Luar Na Lubre ofrecen un repertorio folk relativamente abierto dentro de unos parámetros, y es esa variedad lo que más me agrada de este grupo, tal y como pude comprobar ayer. No se ciñen a las típicas composiciones tradicioneles alegres y pegadizas, como hacen muchos grupos dentro del estilo, sino que tienen bastante repartida la diversidad rítmica. De hecho, lo que más me gustó fueron los temas lentos y los medios tiempos. Creo que no me cansaría de escuchar esas preciosas composiciones tranquilas y evocadoras, engrandecidas por la calidad instrumental de los músicos, por la bonita y sugerente voz de Sara Louraço, y por el buen sonido que pudimos apreciar (por otro lado esperable siempre en actuaciones de este estilo musical). Sí me terminan saturando, sin embargo, los temas rápidos. Me anima el primero, me gusta el segundo, y acepto el tercero, pero a partir del cuarto ya no me aportan nada nuevo, y me acaban por saturar; entiendo que a quien le guste bailar dirá otra cosa, pero a mí me acaba produciendo un inevitable efecto "pachangueo" (aunque mucho más llevadero, por supuesto, que en otros estilos menos "distinguidos"). Me quedo con el estilo pausado de Loreena McKennitt, y eso que al principio no me gustaba por eso, por excesivamente pausado (¿me estaré haciendo viejo...?). Aunque mis favoritos del género, por sus disimuladas incursiones jazz - progresivas en sus ritmos, siguen siendo los también gallegos Berrogüetto.
En cualquier caso, mereció la pena ir, sin duda alguna.
La Música Celta, últimamente tan de moda, parece un caso bastante singular: un estilo que, siendo auténtico, de calidad, y con profunda raíz cultural, parece tener la capacidad de gustar a practicamente cualquiera. Esto resulta muy difícil de encontrar hoy en día, y debemos dar las gracias por ello a la perversión cultural a que nos someten muchos medios de comunicación de masas, además de a los sistemas educativos (al menos en mi época de estudiante la música parecía ser el arte ninguneado cuando estudiábamos historia, o la eterna asignatura optativa).
Los gallegos Luar Na Lubre ofrecen un repertorio folk relativamente abierto dentro de unos parámetros, y es esa variedad lo que más me agrada de este grupo, tal y como pude comprobar ayer. No se ciñen a las típicas composiciones tradicioneles alegres y pegadizas, como hacen muchos grupos dentro del estilo, sino que tienen bastante repartida la diversidad rítmica. De hecho, lo que más me gustó fueron los temas lentos y los medios tiempos. Creo que no me cansaría de escuchar esas preciosas composiciones tranquilas y evocadoras, engrandecidas por la calidad instrumental de los músicos, por la bonita y sugerente voz de Sara Louraço, y por el buen sonido que pudimos apreciar (por otro lado esperable siempre en actuaciones de este estilo musical). Sí me terminan saturando, sin embargo, los temas rápidos. Me anima el primero, me gusta el segundo, y acepto el tercero, pero a partir del cuarto ya no me aportan nada nuevo, y me acaban por saturar; entiendo que a quien le guste bailar dirá otra cosa, pero a mí me acaba produciendo un inevitable efecto "pachangueo" (aunque mucho más llevadero, por supuesto, que en otros estilos menos "distinguidos"). Me quedo con el estilo pausado de Loreena McKennitt, y eso que al principio no me gustaba por eso, por excesivamente pausado (¿me estaré haciendo viejo...?). Aunque mis favoritos del género, por sus disimuladas incursiones jazz - progresivas en sus ritmos, siguen siendo los también gallegos Berrogüetto.
En cualquier caso, mereció la pena ir, sin duda alguna.
jueves, 16 de abril de 2009
Plan 23: Luar Na Lubre en directo.
- Momento: Esta noche a las 21:00.
- Lugar: Teatro Fernán Gómez, Madrid.
- Plan: Asistir a la actuación en directo del grupo de música celta Luar Na Lubre. Primer evento musical en vivo al que voy desde que escribo este blog (cómo han cambiado los tiempos...).
miércoles, 15 de abril de 2009
Cumplido plan 22: Sierra de la Cabrera.
| De Cabrera |
ADVERTENCIA: El montañismo es una actividad que supone riesgos. No debe realizarse sin la experiencia y el material adecuados. El autor se exime de toda responsabilidad sobre cualquiera de las posibles decisiones que pudieran tomar al respecto quienes lean esto, y por tanto de sus consecuencias.
| De Cabrera |
...Y ya que tuvimos que renunciar a Pirineos, a Sierra Nevada y a Gredos, no nos importó reducir el nivel de humildad al de una sierra menor incluso dentro del ámbito de Guadarrama: La Sierra de la Cabrera, con sus apenas poco más de 1.500 metros de altitud máxima. Esa modesta dimensión no impide, sin embargo, que su aspecto sea sensiblemente vistoso, con sus destacados roquedos graníticos, bastante al estilo de La Pedriza. Además de permitir todo tipo de trepadas, de las que en la excursión porcuramos aprovechar algo, siempre entretenido (en mi caso, al menos, si no exceden de cierta dificultad y exposición), aunque el viento las hizo esta vez algo menos divertidas por inseguras. Por otro lado, como quiera que sólo habíamos subido a este cordal una vez, y fue hace ya seis años, pudimos permitirnos en esta ocasión el huir de la rutina habitual de la parte central de la sierra (suena triste lo de la rutina, pero realmente puede llegar a serlo, como la semana anterior en La Pedriza).
| De Cabrera |
Enlazando con lo último, además subimos por una ruta nueva para nosotros, la que lleva desde el sur directamente al Collado del Alfrecho, en la parte central de la cuerda. Desde aquí alcanzamos facilmente la cima de Cancho Gordo, aunque, en su promontorio rocoso final, no lo hicimos por la senda "normal", sino buscando la trepada (fácil y poco aérea). Tras comer resguardados del viento entre las rocas, decidimos que precisamente con ese aire tan desgradable no merecía la pena seguir por la cuerda de La Cabrera. Ya que el viento venía del norte, creímos lógico bajar de nuevo al resguardo de la vertiente sur, y concluir el día por el camino que lleva a Valdemanco (habíamos comenzado en el pueblo de La Cabrera). Y la otra parte atractiva del día, en lo montañero, fue la grata sorpresa de hallar una insospechada senda, empinada pero cómoda y bien señalizada por hitos, que bajaba directamente al Convento de San Antonio desde las inmediaciones de Cancho Gordo, por un paraje de paredes rocosas bastante llamativas, a modo de amplia canal o corredor. Más tarde, al llegar con mucha tarde de sobra a Valdemanco, preferimos prolongar la caminata unos tres kilómetros, siguiendo por la Cañada Real Segoviana hasta Bustarviejo; senderismo de ambiente rural junto a las faldas del Mondalindo.
| De Cabrera |
No puedo negar que tuve cierta sensación de desilusión, dentro de que fue un día entretenido y más o menos agradable. Normalmente cuando en la montaña contemplo un paisaje relajadamente, de alguna manera siento llenar mi ánimo de vitalidad. En esta ocasión pudo influir lo gris del día, la demasiado cercana carretera de Burgos, o el simple hecho de la poco esforzada ascesión (ni siquiera madrugamos para salir), pero el caso es que en esos momentos contemplativos no podía evitar una cierta sensación incompleta, o frustrada. Pesaba en mi ánimo la sensación de la oportunidad perdida, de la ilusión no saciada. Aunque el Pirineo y Sierra Nevada sigan ahí para otras ocasiones, precisamente ahora me habrían venido muy bien; necesitaba esa inyección de ánimo. Y más que en aquel momento, lo estoy notando esta semana.
| De Cabrera |
Todas las fotos de la excursión.
martes, 14 de abril de 2009
Son distracciones.
No son escapadas. Son distracciones. Meros entretenimientos para no pensar en el mundo real. Al menos será así mientras no me atreva a escapar de verdad de esta sociedad creada por mediocres y para mediocres, y en la cual por cierto yo ocupo un lugar especialmente mediocre, en gran parte por mi -también mediocre- actitud.
Una vez aclarado esto para sincerarme conmigo mismo, podré seguir expresando aquí, sin sentirme ridículo, más planes de distracción (que no de escapada, insisto).
Una vez aclarado esto para sincerarme conmigo mismo, podré seguir expresando aquí, sin sentirme ridículo, más planes de distracción (que no de escapada, insisto).
sábado, 11 de abril de 2009
Plan 22: Sierra de la Cabrera
- Lugar: Del plan inicial de Pirineos a la alternativa de Sierra Nevada, de ahí a Gredos, y al final, nos conformamos con una excursión a la Sierra de Guadarrama. Eso nos ha permitido el tiempo en Semana Santa.
- Momento: De haber salido el jueves por la tarde y haber estado por ahí hasta el domingo, a sólamente mañana domingo.
- Plan: Subir a la Sierra de la Cabrera por el Collado del Alfrecho. Una vez arriba, varias opciones, a elegir según la apetencia: Cancho Gordo, Pico de la Miel, posibilidad de tantear otros riscos no conocidos, etc. Para la vuelta, bajar al pueblo de La Cabrera o al de Valdemanco.
viernes, 10 de abril de 2009
"Elogio a la Vida" (Alexandra David-Néel)
La escritora, periodista, actriz, cantante lírica y filósofa/espiritualista francesa Alexandra David-Néel (1868 - 1969), escribió con apenas 21 años, antes de emanciparse de su acomodada familia para viajar por el mundo hasta entrar de lleno en el budismo, un ensayo de inspiración anarquista, repleto de ingenuidad y radicalismo, pero también de ideas brillantes, frescas y esperanzadoras, de entre las cuales quiero destacar aquí las tres que mejor resúmen el contenido del libro, y al mismo tiempo las que más quisiera incorporar yo a mi filosofía personal, al menos si tuviera la valentía necesaria para ello. Quizá deban tomarse como guía emocional más que como reglas prácticas, porque, obviamente, no siempre son aplicables al mundo tan artificial en que vivimos:
"Obedecer es morir. Cada instante en que el hombre se somete a una voluntad extraña es un instante sustrído a su propia vida."
"La única ley de los seres (naturales), demostrada y confirmada por el estudio y la experiencia, es el deseo vital, la búsqueda de la satisfacción de todas sus facultades, como medio para vivir plenamente, y la lucha contra cualquier forma de sufrimiento. El hombre no tiene razón alguna para creerse excluido de esta ley universal."
"Que cada cual siga enteramente, siempre y en cualquier parte, el impulso de su naturaleza, ya sea ésta limitada o genial. Sólo entonces el hombre sabrá lo que es vivir, en lugar de despreciar la vida sin haberla vivido jamás."
Como hay muchas otras citas interesantes del libro, no descarto poner por aquí alguna más en otra ocasión.
"Obedecer es morir. Cada instante en que el hombre se somete a una voluntad extraña es un instante sustrído a su propia vida."
"La única ley de los seres (naturales), demostrada y confirmada por el estudio y la experiencia, es el deseo vital, la búsqueda de la satisfacción de todas sus facultades, como medio para vivir plenamente, y la lucha contra cualquier forma de sufrimiento. El hombre no tiene razón alguna para creerse excluido de esta ley universal."
"Que cada cual siga enteramente, siempre y en cualquier parte, el impulso de su naturaleza, ya sea ésta limitada o genial. Sólo entonces el hombre sabrá lo que es vivir, en lugar de despreciar la vida sin haberla vivido jamás."
Como hay muchas otras citas interesantes del libro, no descarto poner por aquí alguna más en otra ocasión.
miércoles, 8 de abril de 2009
Cumpliendo plan 13: "El Sentimiento de la Montaña": Capítulos II y III
Ahora sí parece que le he cogido un ritmo aceptable a la lectura de este libro. Lo cual no es difícil, una vez que te haces a su intención recopilatoria y a su espíritu filosófico / ideológico.
Muchos son, de nuevo, los sentimientos mostrados por montañeros históricos con los que siento afinidad, esta vez trasladados a un ámbito específico al que me siento más cercano que en anteriores páginas: "El Origen del Sentimiento en España" (Capítulo II) y "Los Pirineístas" (Capítulo III). Además, resulta significativo que sentimientos tan afines nazcan en marcos tan diferentes, orográfica y políticamente, de Los Alpes (los reflejados principalmente en la anterior entrada sobre el capítulo I). No voy a hacer una "recopilación de la recopilación" tan extensa como en la anterior entrada, por un lado porque estaría entrando en un estudio demasiado minucioso del libro, que no me apetece, y por otro, por respeto a la obra de los autores, Eduardo Martínez de Pisón y Sebastián Álvaro, de quienes ya he abusado en exceso sin pedir permiso, aunque dada la imaginable difusión de éste blog probablemente no sea algo demasiado destacable.
Sí me quiero quedar con unos pocos aspectos que me han llamado la atención. En el capítulo II, me siento lógicamente identificado con la alusión a la Sierra de Guadarrama como telón de fondo de la perspectiva desde la ciudad de Madrid hacia el norte; esa mirada de deseo hacia esas entrañables montañas, mientras se está en medio del bullicio de la urbe, y uno está soñando con la tranquilidad tan cercana de esas modestas cumbres; Muchos días lo vivo desde el propio trabajo; Curioso que en épocas tan lejanas, en las que la ciudad era mucho menos extensa y sobre todo menos estresada, ya se apreciara ese contraste. Por otro lado, hay una cita de Unamuno que parece pensada para éste blog: "No podría vivir si no me escapara así que puedo de la ciudad, a correr por campos y lugares (...)".
Del capítulo III, sin duda me quedo con los sentimientos reflejados por Louis Ramond de Carbonniéres, Henry Russell y Franz Schrader, los tres principales pirineístas clásicos, de los cuales tengo sus respectivos tres libros más representativos, y que espero leer más tarde o más temprano; si sus páginas son tan emocionantes como las pinceladas que se muestran en "El Sentimiento de la Montaña", creo que disfrutaré mucho.
Un aspecto común a ambos capítulos tiene un tinte melancólico: la pérdida de buena parte del sentimiento debido a la colonización humana de las montañas: Yo digo que me siento afín a todas esas expresiones de hace uno o dos siglos pero, ¿qué habría entonces sentido yo en unas montañas a las que el acceso era mucho más complicado y verdaderamente natural que ahora? Es otra razón por la que insisto en que no podemos compararnos con aquellos pioneros.
Muchos son, de nuevo, los sentimientos mostrados por montañeros históricos con los que siento afinidad, esta vez trasladados a un ámbito específico al que me siento más cercano que en anteriores páginas: "El Origen del Sentimiento en España" (Capítulo II) y "Los Pirineístas" (Capítulo III). Además, resulta significativo que sentimientos tan afines nazcan en marcos tan diferentes, orográfica y políticamente, de Los Alpes (los reflejados principalmente en la anterior entrada sobre el capítulo I). No voy a hacer una "recopilación de la recopilación" tan extensa como en la anterior entrada, por un lado porque estaría entrando en un estudio demasiado minucioso del libro, que no me apetece, y por otro, por respeto a la obra de los autores, Eduardo Martínez de Pisón y Sebastián Álvaro, de quienes ya he abusado en exceso sin pedir permiso, aunque dada la imaginable difusión de éste blog probablemente no sea algo demasiado destacable.
Sí me quiero quedar con unos pocos aspectos que me han llamado la atención. En el capítulo II, me siento lógicamente identificado con la alusión a la Sierra de Guadarrama como telón de fondo de la perspectiva desde la ciudad de Madrid hacia el norte; esa mirada de deseo hacia esas entrañables montañas, mientras se está en medio del bullicio de la urbe, y uno está soñando con la tranquilidad tan cercana de esas modestas cumbres; Muchos días lo vivo desde el propio trabajo; Curioso que en épocas tan lejanas, en las que la ciudad era mucho menos extensa y sobre todo menos estresada, ya se apreciara ese contraste. Por otro lado, hay una cita de Unamuno que parece pensada para éste blog: "No podría vivir si no me escapara así que puedo de la ciudad, a correr por campos y lugares (...)".
Del capítulo III, sin duda me quedo con los sentimientos reflejados por Louis Ramond de Carbonniéres, Henry Russell y Franz Schrader, los tres principales pirineístas clásicos, de los cuales tengo sus respectivos tres libros más representativos, y que espero leer más tarde o más temprano; si sus páginas son tan emocionantes como las pinceladas que se muestran en "El Sentimiento de la Montaña", creo que disfrutaré mucho.
Un aspecto común a ambos capítulos tiene un tinte melancólico: la pérdida de buena parte del sentimiento debido a la colonización humana de las montañas: Yo digo que me siento afín a todas esas expresiones de hace uno o dos siglos pero, ¿qué habría entonces sentido yo en unas montañas a las que el acceso era mucho más complicado y verdaderamente natural que ahora? Es otra razón por la que insisto en que no podemos compararnos con aquellos pioneros.
lunes, 6 de abril de 2009
Cumplido plan 21: Intento de ascensión a la Peña del Rayo (La Pedriza)
(El plan está cumplido, pues en su entrada preparativa ya aclaré la posibilidad de que quedara en "intento")
La Peña del Rayo:
ADVERTENCIA: El montañismo es una actividad que supone riesgos. No debe realizarse sin la experiencia y el material adecuados, ni tampoco es del todo aconsejable en solitario. El autor se exime de toda responsabilidad sobre cualquiera de las posibles decisiones que pudieran tomar al respecto quienes lean esto, y por tanto de sus consecuencias.
Algunos fines de semana me arrepiento de quedarme en Madrid pudiendo haber ido a la montaña. Lo que no suele pasarme nunca es lo contrario, arrepentirme de no haberme quedado el día que sí he ido. En la excursión de ayer, sin embargo, hubo varios momentos en los que sí sentí ganas de no haber salido de casa. Es curioso, porque al principio tenía pensado descansar este finde, ante la posibilidad de hacer algo los cuatro días de Semana Santa, pero luego el sábado me levanté con ganas de preparar alguna ruta para el día siguiente, y quise mantener esas ganas precisamente con la idea de no arrepentirme de quedarme el domingo. Y luego casi me arrepentí de lo contrario...
Dos son las causas principales de que la excursión no saliera a pedir de boca. Y las dos parece que se influyeron mutuamente, aunque no sabría decir cual fue más influyente en la otra. En primer lugar, creo que plantee una ruta poco creativa. Ya hablé en la entrada sobre el primer capítulo de "El Sentimiento de la Montaña" acerca de la creatividad en las tres fases del montañismo (planificar, ascender y escribir), y en esta ocasión la fase de la planificación sobre el terreno era poco artística, o al menos tenía poco porcentaje de itinerario original. Porque la mayor parte del kilometraje eran carreteras y pistas de tierra de aproximación (de Manzanares el Real al Tranco, de aquí a Canto Cochino, y de éste al Puente de los Franceses, todo ello de ida y vuelta), y porque la prolongada y costosa Senda de la Mina, siendo un bonito camino de montaña, ya lo había recorrido tres veces antes. Sólo los intentos de trepada a la Peña del Rayo y el relativamente breve tramo de la Senda de los Gavilanes eran novedosos para mí. Y eso, con la tediosa caminata de ida y vuelta por las mencionadas carreteras y pistas, tantas veces antes recorridas, compensa poco, inlcuso estando en la sierra. La otra causa fue mi estado físico, mezcla de una noche de pocas horas de dormir con un estado "alérgico - resfriado - oyoquesé" casi medio febril. Pero, insisto, que no sé si me sentí físicamente peor por la cansina pateda, o la pateada me resultó más cansina por estar físicamente peor, o ambas cosas.
Lo cierto es que comencé a caminar desde Manzanares el Real a buen ritmo, con la idea de quitarme cuanto antes esas carreteras de aproximación, y la verdad es que a pesar de la falta de descanso nocturno iba muy bien al principio, sin cansarme. Eso sí, odiando tanto camino ancho. En apenas dos horas estaba ya comenzando la Senda de la Mina, habiendo caminado rápido y con una sóla y breve parada cerca de Canto Cochino. Probablemente también me faltó dosificarme en ese inicio. Empecé a subir las interminables rampas de la Senda de la Mina ya con algo más de fatiga, pero manteniendo un ritmo bastante aceptable. Sin embargo, después de una segunda parada, ya no iba tan fino. Llegó un momento en que no podía mantener el ritmo, cada paso me costaba un esfuerzo tremendo y de hecho en alguno de ellos me notaba poco hábil, respiraba demasiado forzado, y en definitiva llevaba la lengua fuera. En cuanto vi una pequeña superficie llana y blanda me tumbé a descansar y, de lo mal que me sentía, aún tumbado seguía notando malestar; no era el típico descanso montañero que sienta tan bien (incluso suele ser uno de los mejores momentos del senderismo, si además el paisaje acompaña); esta vez me sentía destrozado. Como en alguna excursión anterior en que también estuve demasiado cansado, decidí tratar de dormir un poco. Tras algún amago de cabezada, en medio de los cuales oía a la gente caminando por la senda PR M1 o circular integral de La Pedriza (y por tanto estaba en relidad casi al final de la Senda de la Mina y de la subida), y viendo que eran cerca de las dos, me puse a comer. Después seguí hacia la base de la Peña del Rayo, ya por la senda PR M1, todavía con sensación entre el cansancio y el medio mareo, y cierta inseguridad o torpeza en los pasos.
Y aquí viene la paradoja (o seguramente no lo sea). Yo ya sabía que para subir a la cima de la Peña del Rayo (1838 metros) tendría que realizar varias trepadas usando las manos. Y era consciente de que mi estado no era precisamente el más adecuado para dicha actividad. Pero también me daba rabia renunciar a algo que tenía en mente desde hacía muchos meses, desde la última vez que pasé por este lugar y ví la posibilidad de tantear esta cima. Decidí empezar a trepar, y si me veía mal lo dejaba y punto. El hecho es que enseguida de ponerme a ello me noté mucho más despierto, hábil y fuerte; supongo que la necesidad de estar más concentrado e incluso algo de tensión o adrenalina en algún paso un pelín expuesto me hicieron recuperarme. Por eso digo que no tengo claro hasta qué punto el malestar físico era independiente del desánimo debido a la caminata de aproximación, el cual desapareció una vez metido de lleno en el verdadero objetivo de la ruta.
Probé a trepar hasta por cuatro sitios distintos. En todos los casos, antes o después llegaba a un punto en que o lo veía demasiado difícil, o no me sentía seguro, y finalmente renuncié. Aún así, hice varias trepadas más o menos sencillas pero satisfactorias, sobre todo por que me vi hábil y seguro en ellas. El hecho de no hacer cima me importó menos que otras veces. Lo había intentado hasta donde consideraba coherente y factible, y si no se podía no era culpa mía y punto; creo que voy conociendo mejor mis límites en ese sentido: cuando veo que voy a ser capaz de bajar por donde he subido, trepo, y luego efectivamente bajo bien, incluso en sitios aparentemente difíciles pero que luego bien tanteados son factibles; cuando veo que puedo pasarlo mal renuncio y ya está; esto antes no me pasaba: o renunciaba en sitios que en realidad eran fáciles, o lo intentaba en sitios más complicados en los que luego lo pasaba mal. Desde luego que puedo seguir aumentando mi capacidad para superar pasos más difíciles, y desde luego que la sensación de patio me sigue influyendo, pero de momento creo que he aprendido a marcar mi límite actual, al menos en solitario y sin cuerda. El caso es que el plan del "intento" de ascensión a la Peña del Rayo estaba cumplido plenamente, habiendo agotado todas mis posibilidades, y con un estado previo que no hacía presagiar tan buen resultado. Desde luego, ahora ya no me daba rabia la posibilidad de quedarme sin hacer cima, pues ya estaba totalmente intentado. Si no se podía, no se podía.
La mejora física y anímica se mantuvo un buen rato más. Justo el que empleé en recorrer la Senda de los Gavilanes para volver a bajar a la pista forestal del valle alto del Manzanares. Como dije, esta senda era novedosa para mí y, como tantas veces haciendo senderismo, la novedad era un aliciente. La parte original o creativa. Además, su trazado lleva por parajes hermosos y apartados, como la pradera del Llano de los Gavilanes: un lugar abierto y escondido al mismo tiempo; en la "trastienda" de La Pedriza, con una vista muy completa de Cuerda Larga, dominando un horizonte tan lejano que permite ver Abantos, Las Machotas, el Cerro de San Benito e incluso más allá, pero lo suficientemente tapado por los contrafuertes occidentales de la Cuerda de las Milaneras como para no poder ver ningún pueblo de la llanura madrileña. Y no faltaban los elementos animados en la estampa: inertes pero creadores de vida (el agua de diminutos arroyos nacidos en próximos manantiales) y directamente vivos (un grupo de cabras pastando de la verde y agradable hierba). Disfruté, ahora sí, de uno de esos descansos montañeros que mencionaba antes y que tanto reconfortan.
En este rato contemplé los matices de la luz sobre el paisaje. Las nubes iban cambiando el tono del lugar, logrando que parecieran casi lugares distintos, tanto a los ojos como al objetivo de la cámara. En menos de un minuto obtuve estas tres imágenes, y juro que no cambié los ajustes de la cámara ni he usado luego el "Photoshop"...:
Seguí luego bajando. Iba agusto, disfrutaba del día, justificaba el haber salido de Madrid. Miraba el mapa y reconocía sobre el terreno cada vaguada de este nuevo paraje, basándome en las referncias ya conocidas antes. Seguía los hitos cuando eran frecuentes, e improvisaba con la seguridad de la buena orientación cuando desaparecían. Senderismo creativo. Volvía a trepar a alguna roca para contemplar nuevas panorámicas, y los pasos seguían siendo ágiles. Ni atisbo de la falta de sueño, o de la alergia, o de nada...
Llegué a la pista forestal. Busqué en dos de sus recodos un tejo maracado como "milenario" en el mapa. Ninguno me pareció excesivamente vistoso ni aparentemente longevo; el más añoso estaba bastante dividido en troncos pequeños desde su base, y muy deslucido en su copa. Este otro objetivo secundario del día, también en mente desde hacía tiempo si alguna vez pasaba por aquí, supuso una pequeña decepción.
Seguí bajando por la pista, procurando tomar todos los atajos posibles, pero ya nuevamente acumulando metros de obligado y no deseado regreso, por terreno muchas veces antes pateado. Sabiendo además lo mucho que quedaba de dicho regreso. Y pensando en llegar lo menos tarde posible. Se acababa (o había acabado ya) la parte creativa. Es decir, de nuevo volvió poco a poco, más o menos inconscientemente, el desánimo. Pero lo que en realidad volví a notar primero, cada vez más, era el olvidado cansancio físico... ¿físico? El hecho es que de nuevo me notaba como mareado, y el hecho es que al pararme a descansar cerca de Canto Cochino, de nuevo me sentía fatal, otra vez era un descanso desagradable, y eso que había procurado sentarme junto a un bonito salto de agua de un arroyo. Entonces, ¿en qué medida la afección era física o psicológica, o en qué medida una inducía a la otra y viceversa...?
Otra cosa que me ocurrió en esta bajada está relacionada con algo que comenté en mi ascensión a Oso, y es acerca de la claridad de los pensamientos, el efecto reparador de la reflexión en el montañismo en solitario. Pues bien, volviendo a Manzanares por las tan patedadas y por ello (y por feas) odiadas pistas y carreteras, mis pensamientos eran de todo menos reflexivos y autorealizantes: chistes absurdos sin gracia ni para mí, llenos de juegos de palabras ridículos o sin sentido, nada trabajados, con frecuentes improperios, tacos y burradas, todo ello con la idea de entretener o despistar al pensamiento; lo típico cuando uno se aburre con lo que hace, como cuando en el curro me quedo sin batería en el MP3; pues así durante varios kilómetros; vamos, que no sé ni cómo me aguantaba a mí mismo (es parecido a cuando un niño se pone muuuuuuy pesado, repitiendo tonterías una y otra vez, pero en este caso el niño pesadito era yo mismo). Vaya con la reflexión del senderismo en solitario...
Está claro que la calidad del senderismo o del montañismo es fundamental para llegar a los resultados posteriores positivos que se buscan. Andar por andar, sin más, no es lo más importante. O subir por subir. La creatividad es necesaria para no acabar estancados, o incluso odiando una actividad en principio tan gratificante. Eso, y dormir mejor la noche anterior...
La Peña del Rayo:
| De Peña del Rayo |
ADVERTENCIA: El montañismo es una actividad que supone riesgos. No debe realizarse sin la experiencia y el material adecuados, ni tampoco es del todo aconsejable en solitario. El autor se exime de toda responsabilidad sobre cualquiera de las posibles decisiones que pudieran tomar al respecto quienes lean esto, y por tanto de sus consecuencias.
| De Peña del Rayo |
Algunos fines de semana me arrepiento de quedarme en Madrid pudiendo haber ido a la montaña. Lo que no suele pasarme nunca es lo contrario, arrepentirme de no haberme quedado el día que sí he ido. En la excursión de ayer, sin embargo, hubo varios momentos en los que sí sentí ganas de no haber salido de casa. Es curioso, porque al principio tenía pensado descansar este finde, ante la posibilidad de hacer algo los cuatro días de Semana Santa, pero luego el sábado me levanté con ganas de preparar alguna ruta para el día siguiente, y quise mantener esas ganas precisamente con la idea de no arrepentirme de quedarme el domingo. Y luego casi me arrepentí de lo contrario...
| De Peña del Rayo |
Dos son las causas principales de que la excursión no saliera a pedir de boca. Y las dos parece que se influyeron mutuamente, aunque no sabría decir cual fue más influyente en la otra. En primer lugar, creo que plantee una ruta poco creativa. Ya hablé en la entrada sobre el primer capítulo de "El Sentimiento de la Montaña" acerca de la creatividad en las tres fases del montañismo (planificar, ascender y escribir), y en esta ocasión la fase de la planificación sobre el terreno era poco artística, o al menos tenía poco porcentaje de itinerario original. Porque la mayor parte del kilometraje eran carreteras y pistas de tierra de aproximación (de Manzanares el Real al Tranco, de aquí a Canto Cochino, y de éste al Puente de los Franceses, todo ello de ida y vuelta), y porque la prolongada y costosa Senda de la Mina, siendo un bonito camino de montaña, ya lo había recorrido tres veces antes. Sólo los intentos de trepada a la Peña del Rayo y el relativamente breve tramo de la Senda de los Gavilanes eran novedosos para mí. Y eso, con la tediosa caminata de ida y vuelta por las mencionadas carreteras y pistas, tantas veces antes recorridas, compensa poco, inlcuso estando en la sierra. La otra causa fue mi estado físico, mezcla de una noche de pocas horas de dormir con un estado "alérgico - resfriado - oyoquesé" casi medio febril. Pero, insisto, que no sé si me sentí físicamente peor por la cansina pateda, o la pateada me resultó más cansina por estar físicamente peor, o ambas cosas.
| De Peña del Rayo |
Lo cierto es que comencé a caminar desde Manzanares el Real a buen ritmo, con la idea de quitarme cuanto antes esas carreteras de aproximación, y la verdad es que a pesar de la falta de descanso nocturno iba muy bien al principio, sin cansarme. Eso sí, odiando tanto camino ancho. En apenas dos horas estaba ya comenzando la Senda de la Mina, habiendo caminado rápido y con una sóla y breve parada cerca de Canto Cochino. Probablemente también me faltó dosificarme en ese inicio. Empecé a subir las interminables rampas de la Senda de la Mina ya con algo más de fatiga, pero manteniendo un ritmo bastante aceptable. Sin embargo, después de una segunda parada, ya no iba tan fino. Llegó un momento en que no podía mantener el ritmo, cada paso me costaba un esfuerzo tremendo y de hecho en alguno de ellos me notaba poco hábil, respiraba demasiado forzado, y en definitiva llevaba la lengua fuera. En cuanto vi una pequeña superficie llana y blanda me tumbé a descansar y, de lo mal que me sentía, aún tumbado seguía notando malestar; no era el típico descanso montañero que sienta tan bien (incluso suele ser uno de los mejores momentos del senderismo, si además el paisaje acompaña); esta vez me sentía destrozado. Como en alguna excursión anterior en que también estuve demasiado cansado, decidí tratar de dormir un poco. Tras algún amago de cabezada, en medio de los cuales oía a la gente caminando por la senda PR M1 o circular integral de La Pedriza (y por tanto estaba en relidad casi al final de la Senda de la Mina y de la subida), y viendo que eran cerca de las dos, me puse a comer. Después seguí hacia la base de la Peña del Rayo, ya por la senda PR M1, todavía con sensación entre el cansancio y el medio mareo, y cierta inseguridad o torpeza en los pasos.
| De Peña del Rayo |
Y aquí viene la paradoja (o seguramente no lo sea). Yo ya sabía que para subir a la cima de la Peña del Rayo (1838 metros) tendría que realizar varias trepadas usando las manos. Y era consciente de que mi estado no era precisamente el más adecuado para dicha actividad. Pero también me daba rabia renunciar a algo que tenía en mente desde hacía muchos meses, desde la última vez que pasé por este lugar y ví la posibilidad de tantear esta cima. Decidí empezar a trepar, y si me veía mal lo dejaba y punto. El hecho es que enseguida de ponerme a ello me noté mucho más despierto, hábil y fuerte; supongo que la necesidad de estar más concentrado e incluso algo de tensión o adrenalina en algún paso un pelín expuesto me hicieron recuperarme. Por eso digo que no tengo claro hasta qué punto el malestar físico era independiente del desánimo debido a la caminata de aproximación, el cual desapareció una vez metido de lleno en el verdadero objetivo de la ruta.
Probé a trepar hasta por cuatro sitios distintos. En todos los casos, antes o después llegaba a un punto en que o lo veía demasiado difícil, o no me sentía seguro, y finalmente renuncié. Aún así, hice varias trepadas más o menos sencillas pero satisfactorias, sobre todo por que me vi hábil y seguro en ellas. El hecho de no hacer cima me importó menos que otras veces. Lo había intentado hasta donde consideraba coherente y factible, y si no se podía no era culpa mía y punto; creo que voy conociendo mejor mis límites en ese sentido: cuando veo que voy a ser capaz de bajar por donde he subido, trepo, y luego efectivamente bajo bien, incluso en sitios aparentemente difíciles pero que luego bien tanteados son factibles; cuando veo que puedo pasarlo mal renuncio y ya está; esto antes no me pasaba: o renunciaba en sitios que en realidad eran fáciles, o lo intentaba en sitios más complicados en los que luego lo pasaba mal. Desde luego que puedo seguir aumentando mi capacidad para superar pasos más difíciles, y desde luego que la sensación de patio me sigue influyendo, pero de momento creo que he aprendido a marcar mi límite actual, al menos en solitario y sin cuerda. El caso es que el plan del "intento" de ascensión a la Peña del Rayo estaba cumplido plenamente, habiendo agotado todas mis posibilidades, y con un estado previo que no hacía presagiar tan buen resultado. Desde luego, ahora ya no me daba rabia la posibilidad de quedarme sin hacer cima, pues ya estaba totalmente intentado. Si no se podía, no se podía.
| De Peña del Rayo |
La mejora física y anímica se mantuvo un buen rato más. Justo el que empleé en recorrer la Senda de los Gavilanes para volver a bajar a la pista forestal del valle alto del Manzanares. Como dije, esta senda era novedosa para mí y, como tantas veces haciendo senderismo, la novedad era un aliciente. La parte original o creativa. Además, su trazado lleva por parajes hermosos y apartados, como la pradera del Llano de los Gavilanes: un lugar abierto y escondido al mismo tiempo; en la "trastienda" de La Pedriza, con una vista muy completa de Cuerda Larga, dominando un horizonte tan lejano que permite ver Abantos, Las Machotas, el Cerro de San Benito e incluso más allá, pero lo suficientemente tapado por los contrafuertes occidentales de la Cuerda de las Milaneras como para no poder ver ningún pueblo de la llanura madrileña. Y no faltaban los elementos animados en la estampa: inertes pero creadores de vida (el agua de diminutos arroyos nacidos en próximos manantiales) y directamente vivos (un grupo de cabras pastando de la verde y agradable hierba). Disfruté, ahora sí, de uno de esos descansos montañeros que mencionaba antes y que tanto reconfortan.
| De Peña del Rayo |
En este rato contemplé los matices de la luz sobre el paisaje. Las nubes iban cambiando el tono del lugar, logrando que parecieran casi lugares distintos, tanto a los ojos como al objetivo de la cámara. En menos de un minuto obtuve estas tres imágenes, y juro que no cambié los ajustes de la cámara ni he usado luego el "Photoshop"...:
| De Peña del Rayo |
| De Peña del Rayo |
| De Peña del Rayo |
Seguí luego bajando. Iba agusto, disfrutaba del día, justificaba el haber salido de Madrid. Miraba el mapa y reconocía sobre el terreno cada vaguada de este nuevo paraje, basándome en las referncias ya conocidas antes. Seguía los hitos cuando eran frecuentes, e improvisaba con la seguridad de la buena orientación cuando desaparecían. Senderismo creativo. Volvía a trepar a alguna roca para contemplar nuevas panorámicas, y los pasos seguían siendo ágiles. Ni atisbo de la falta de sueño, o de la alergia, o de nada...
| De Peña del Rayo |
Llegué a la pista forestal. Busqué en dos de sus recodos un tejo maracado como "milenario" en el mapa. Ninguno me pareció excesivamente vistoso ni aparentemente longevo; el más añoso estaba bastante dividido en troncos pequeños desde su base, y muy deslucido en su copa. Este otro objetivo secundario del día, también en mente desde hacía tiempo si alguna vez pasaba por aquí, supuso una pequeña decepción.
| De Peña del Rayo |
Seguí bajando por la pista, procurando tomar todos los atajos posibles, pero ya nuevamente acumulando metros de obligado y no deseado regreso, por terreno muchas veces antes pateado. Sabiendo además lo mucho que quedaba de dicho regreso. Y pensando en llegar lo menos tarde posible. Se acababa (o había acabado ya) la parte creativa. Es decir, de nuevo volvió poco a poco, más o menos inconscientemente, el desánimo. Pero lo que en realidad volví a notar primero, cada vez más, era el olvidado cansancio físico... ¿físico? El hecho es que de nuevo me notaba como mareado, y el hecho es que al pararme a descansar cerca de Canto Cochino, de nuevo me sentía fatal, otra vez era un descanso desagradable, y eso que había procurado sentarme junto a un bonito salto de agua de un arroyo. Entonces, ¿en qué medida la afección era física o psicológica, o en qué medida una inducía a la otra y viceversa...?
| De Peña del Rayo |
Otra cosa que me ocurrió en esta bajada está relacionada con algo que comenté en mi ascensión a Oso, y es acerca de la claridad de los pensamientos, el efecto reparador de la reflexión en el montañismo en solitario. Pues bien, volviendo a Manzanares por las tan patedadas y por ello (y por feas) odiadas pistas y carreteras, mis pensamientos eran de todo menos reflexivos y autorealizantes: chistes absurdos sin gracia ni para mí, llenos de juegos de palabras ridículos o sin sentido, nada trabajados, con frecuentes improperios, tacos y burradas, todo ello con la idea de entretener o despistar al pensamiento; lo típico cuando uno se aburre con lo que hace, como cuando en el curro me quedo sin batería en el MP3; pues así durante varios kilómetros; vamos, que no sé ni cómo me aguantaba a mí mismo (es parecido a cuando un niño se pone muuuuuuy pesado, repitiendo tonterías una y otra vez, pero en este caso el niño pesadito era yo mismo). Vaya con la reflexión del senderismo en solitario...
Está claro que la calidad del senderismo o del montañismo es fundamental para llegar a los resultados posteriores positivos que se buscan. Andar por andar, sin más, no es lo más importante. O subir por subir. La creatividad es necesaria para no acabar estancados, o incluso odiando una actividad en principio tan gratificante. Eso, y dormir mejor la noche anterior...
sábado, 4 de abril de 2009
Plan de escapada 21: La Peña del Rayo (La Pedriza)
- Momento: Mañana domingo 5 de abril.
- Lugar: Sierra de Guadarrama.
- Plan: Ascensión (o intento de) a la Peña del Rayo, en la Cuerda de las Milaneras de la Pedriza Posterior. Aproximación desde Canto Cochino por la Senda de la Mina y regreso por la Senda de los Gavilanes.
viernes, 3 de abril de 2009
Impresionado con YES...
Menuda escapada más espectacular que acabo de vivir, sin haberlo imaginado (no hasta el punto en que me ha impresionado, desde luego). No me queda más remedio que dejar constancia, porque este día creo que marcará un antes y un después en mi apreciación hacia este grupo y tal vez también hacia otros similares...
Hace poco que me hice, por curiosidad (porque me gustaban pero sin apasionarme), con un DVD de un concierto de la clásica banda británica de Rock Progresivo Yes, grabado en 2001 junto a una orquesta, "Symphonic Live". No pretendía planificar en el blog el momento de verlo (sólo poner el DVD en el momento que más me apeteciera), ni tampoco pensaba que lo reflejaría aquí (como he dicho, no esperaba que me causara tanto impacto).
El hecho es que tenía anteriormente tres o cuatro discos clásicos (de los setenta) del grupo. El primero que tuve, hace siete u ocho años, fue "Tales From Topographic Oceans" (1973), y reconozco que me costó entrar en el estilo. Finalmente, y al igual que con los otros que adquirí después ("Fragile", "Close to the Edge" y no recuerdo el título del otro), me acabó llamando la atención, pero sin llegar a gustarme en exceso; me parecía (y me parece, ojo), un estilo raro y difícil, demasiado Jazz - Psicodélico para mi gusto.
Pero ¡amigo!, como han cambiado las cosas en estas tres últimas horas (que es casi lo que dura el DVD): Nada como una magistral muestra de lo que estos tíos son capaces de hacer en directo para acabar de convencerme: ¡INCREÍBLE! No tengo muchas palabras para sintetizarlo: Qué sonido, qué virtuosismo, qué cantidad de instrumentos distintos que es capaz de tocar cada uno de ellos, qué trabajo más exageradamente calculado al milímetro en cada detalle del concierto y sin renunciar a improvisaciones perfectas, qué poder de alucinación del estilo del grupo, que al fin parece que he captado plenamente (ya tuve atisbos de ello en algún momento anterior), etc., etc., etc. ...
En fin, que cuando crees que ya lo has visto todo, llegan unos tipos como Yes y te dejan con la boca abierta, pero con la mandíbula por los suelos. Y yo que estaba últimamente impresionado con Emerson Lake and Palmer, a los que conocí mucho más tarde que a Yes, y ahora no sé decir cuál de las dos bandas me parece mejor...
...¡no me los pierdo en directo, en cuanto vengan!
Señores de Yes, bienvenidos a mi lista de favoritos. Les ha costado su tiempo, pero lo han logrado.
Hace poco que me hice, por curiosidad (porque me gustaban pero sin apasionarme), con un DVD de un concierto de la clásica banda británica de Rock Progresivo Yes, grabado en 2001 junto a una orquesta, "Symphonic Live". No pretendía planificar en el blog el momento de verlo (sólo poner el DVD en el momento que más me apeteciera), ni tampoco pensaba que lo reflejaría aquí (como he dicho, no esperaba que me causara tanto impacto).
El hecho es que tenía anteriormente tres o cuatro discos clásicos (de los setenta) del grupo. El primero que tuve, hace siete u ocho años, fue "Tales From Topographic Oceans" (1973), y reconozco que me costó entrar en el estilo. Finalmente, y al igual que con los otros que adquirí después ("Fragile", "Close to the Edge" y no recuerdo el título del otro), me acabó llamando la atención, pero sin llegar a gustarme en exceso; me parecía (y me parece, ojo), un estilo raro y difícil, demasiado Jazz - Psicodélico para mi gusto.
Pero ¡amigo!, como han cambiado las cosas en estas tres últimas horas (que es casi lo que dura el DVD): Nada como una magistral muestra de lo que estos tíos son capaces de hacer en directo para acabar de convencerme: ¡INCREÍBLE! No tengo muchas palabras para sintetizarlo: Qué sonido, qué virtuosismo, qué cantidad de instrumentos distintos que es capaz de tocar cada uno de ellos, qué trabajo más exageradamente calculado al milímetro en cada detalle del concierto y sin renunciar a improvisaciones perfectas, qué poder de alucinación del estilo del grupo, que al fin parece que he captado plenamente (ya tuve atisbos de ello en algún momento anterior), etc., etc., etc. ...
En fin, que cuando crees que ya lo has visto todo, llegan unos tipos como Yes y te dejan con la boca abierta, pero con la mandíbula por los suelos. Y yo que estaba últimamente impresionado con Emerson Lake and Palmer, a los que conocí mucho más tarde que a Yes, y ahora no sé decir cuál de las dos bandas me parece mejor...
...¡no me los pierdo en directo, en cuanto vengan!
Señores de Yes, bienvenidos a mi lista de favoritos. Les ha costado su tiempo, pero lo han logrado.
jueves, 2 de abril de 2009
Plan 20: "Piece of Mind" (Iron Maiden)
- Lugar: Mi habitación.
- Momento: Próximamente.
- Plan: Tomando en consideración una de las conclusiones de la anterior escapada musical (plan 14), cambio radicalmente de estilo y paso al Heavy Metal. Escucharé el disco "Piece of Mind" (1983) de Iron Maiden, aunque sin cambiar, de momento, las pautas de los anteriores planes musicales.
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