sábado, 13 de febrero de 2010

Plan 65: El Peñotillo.

  1. Lugar: Núcleo de La Maliciosa, Sierra de Guadarrama.
  2. Momento: Mañana sábado.
  3. Plan: Idea 13 de la lista de posibles planes montañeros, que ya se tanteó de bajada en la realización del plan 46: Subida directa al Peñotillo por su cuerda suroccidental.

viernes, 12 de febrero de 2010

Plan 64: Las Cuatro Estaciones (Vivaldi)

  1. Momento: Próximamente.
  2. Lugar: Mi habitación.
  3. Plan: Hace bastante tiempo que no me paro a escuchar música clásica tranquilamente, y ahora mismo me apetece mucho como forma de desconectar de lo habitual. Lo haré con el estilo que más me gusta, el barroco, en uno de sus representantes más populares y accesibles (no me voy a complicar), Antonio Vivaldi, con su obra más famosa, en una grabación interpretada por la Academia Bizantina y dirigida por Ottavio Dantone en 1999.

domingo, 7 de febrero de 2010

NO cumplido plan 63... pero la excursión no estuvo mal.



Arroyo de la Saúca, Alameda del Valle, Pinilla del Valle y Embalse de Pinilla

Decía en la anterior entrada, preparatoria del plan, que el cambio en la ruta podía deberse a las dificultades técnicas que pudiera encontrarme en este desconocido terreno... Pero no contaba con la meteorología, que me disuadió incluso de llegar a las hoyas glaciares de Peñacabra. Si ya estaba un poco fastidiado de que las previsiones agoreras de las anteriores semanas me dejaran en casa -cuando en algún caso luego no hizo tan malo-, este día sin embargo ocurrió lo contrario: si bien no llegó a llover, las nubes -arriba cerrada niebla- fueron más abundantes y duraderas de lo que pronosticaban...



La ruta pensada inicialmente (ver entrada anterior) me hacía mucha ilusión. Hacía tres semanas que no salía al monte, un mes que no subía a una altura más o menos importante, mes y medio que no recorría algún tramo montañero novedoso, y cuatro meses que un itinerario de montaña no era totalmente nuevo para mí en todo su recorrido. Y ya se pierde en la memoria la última vez que hice una ruta completamente nueva por Guadarrama. Por otro lado, estaban los alicientes de la ruta en sí: un nuevo dosmil, tres circos glaciares que he visto muchas veces desde lejos, pero en los que no he estado nunca... Por lo tanto, había ganas.



Desde que me puse en marcha en Alameda del Valle, aparte de observar la abundante y mencionada nubosidad que tapaba los Montes Carpetanos, comencé a sufrir un fuerte viento que soplaba del nornoroeste, practicamente en dirección opuesta a mi avance. La ilusión incial empezaba a desvanecerse. Me gustaba la zona, pero en esas condiciones no era completamente disfrutable.



Por otro lado, yo seguía con la esperanza de que, tal y como pronosticaba la AEMET, aquello se fuera despejando a lo largo del día -aunque, la verdad, no tenía pinta de ello-. Así pues, me tomé con calma la subida junto al Arroyo de la Saúca (que aparece dos fotos arriba), dándole tiempo al tiempo (nunca mejor dicho), y de paso aprovechando para disfrutar con calma del bonito paraje.



Así, tras salir del vistoso y agradable robledal de melojos de la fotos anteriores, el vallecito del arroyo se estrechó y curvó, ocultándose de la vista general del Valle del Lozoya, entrando en una insospechada zona escondida de Guadarrama. Una joya por descubrir, donde por ejemplo abundaban los rodales de acebos, adornando y convirtiendo en original el paisaje (dentro de lo que es ésta sierra), gracias a la combinación de orografía y vegetación; ciertamente, llevaba mucho tiempo sin sorprenderme tanto por Guadarrama en ese sentido, y creo que es un paraje probablemente único en ésta zona.





Hubo un momento en que se mezclaba dentro de mí el sentimiento de rabia al ver que el tiempo no mejoraba y cada vez tenía más cerca la niebla, con el de agrado por la sorpresa de la zona. Sin embargo, en general llegué a una sensación de satisfacción con la excursión.







Lo más alto que llegué fue a Peña Gudilla (1571 metros), una pequeña y bucólica llanura empradizada con turberas. Por allí había un precario pero aprovechable y providencial chozo pastoril, en el que pude comer tranquilamente sin sufrir el aún molesto viento. Fueron los últimos minutos que le di a la niebla para que se acabara de abrir. Finalmente, a la vista de que no mejoraba (como era de esperar), decidí dar por conlcuído el recorrido. No era buena idea meterse en una hoya glaciar desconocida por mí, y tratar de subir a su cuerda sin visibilidad.







Bajé desde Peña Gudilla no por donde había venido sino por la continuación de la senda al este, que me llevó a la vertiente contraria (oriental) del Arroyo de la Saúca -ahora muchos más metros por encima de su cauce-, y pude recorrer nuevos parajes, en los que disfruté sobre todo de las praderas pastoriles que me fui encontrando.









Ya regresando a Alameda del Valle, entre fresnedas, fui pensando en cómo aprovechar el largo tiempo que me quedaba hasta coger el único autobús de vuelta. Había más lugares que me quedaban por conocer del Valle del Lozoya, y alguno de ellos, en mente desde hacía tiempo, en principio no solía llamarme la atención como para hacer una excursión pensando exclusivamente en ello. Éste era el día.







Recorrí por vía pecuaria los dos kilómetros que desde Alameda me separaban del Embalse de Pinilla. Una vez allí, decidí bordear el embalse por su orilla suroriental para llegar al pueblo de Lozoya.



Éste paseo por la orilla del Embalse de Pinilla contenía dos de las curiosidades que hacía tiempo que quería conocer. Principalmente, los curiosos afloramientos calizos que sugen aquí, en medio de la silícea Sierra de Guadarrama, y, relacionado con ello, las excavaciones paleo - arqueológicas que se han hecho en uno de ellos.



Vista la curiosidad, el día habría quedado redondo -más o menos- si hubiera logrado completar mi intención de llegar a Lozoya. Pero he aquí que me encontré con la segunda renuncia en contra de mi voluntad: a mitad de camino, una valla me cerraba el paso, persuadiéndome de darme la vuelta un cartel del Canal de Isabel II anunciando que la zona estaba vigilada; como estoy "al día" de los equipos de vigilancia en instalaciones del Canal de Isabel II, era consciente de que era recomendable darme la vuelta... Así pues, volví por donde había venido, hasta finalizar el doblemente interrumpido e improvisado día -aunque ya de noche- en Pinilla del Valle (que en ésta última foto se ve a la izquierda, con Lozoya al fondo).

viernes, 5 de febrero de 2010

Plan 63: Peñacabra y sus hoyas glaciares

  1. Lugar: Montes Carpetanos, Valle del Lozoya, Sierra "norte" de Guadarrama.
  2. Momento: Mañana sábado, si mi somnolencia antihistamínica no me persuade de quedarme en la camita...
  3. Plan: Conocer la tres hoyas de origen glaciar que hay en la vertiente sur de Peñacabra, lo que a su vez puede permitirme ascender a dicha montaña, que es uno de los pocos dosmiles de Guadarrama que aún no he culminado. Saldría de Alameda del Valle para, hacia el noroeste (primero por pista y luego por senda), acceder al primer circo a occidente, Hoyo Berrocoso; desde el mismo buscaría la manera más fácil posible de subir a la cuerda (loma) de los Montes Carpetanos, recorriéndola hacia el este, viendo el segundo circo (Hoyo Cerrado) desde arriba, haciendo cima en Peñacabra (2176 metros), y bajando al tercero y más grande de los circos, Hoyo de Peñacabra o de Pinilla desde el Collado de Parrinoso. Finalmente, bajaría a Pinilla del Valle. Los posibles cambios en la ruta podrían deberse a la posible dificultad para subir a la cuerda desde Hoyo Berrocoso o para bajar al Hoyo de Peñacabra.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Plan 62: "Escaladas en los Alpes" (A. F. Mummery)

  1. Momento: Próxios días / semanas.
  2. Lugar: Físico, donde sea. Mental, ya lo dice el título.
  3. Plan: Ya me apetecía volver a ponerme a leer algo. Quería que hubiera sido alguna novela más o menos cómica de Eduardo Mendoza, pero a la espera de poder tenerla en mis manos, vuelvo de momento a mi otro subgénero favorito, la montaña. Y lo hago de la mano del británico Albert Frederick Mummery (1855 - 1895), considerado por muchos el padre del alpinismo moderno. Así también lleno un poco el vacío montañero de las últimas semanas. Imaginar las gestas de los que nunca podremos emular no es como vivirlas, pero ayuda a soñar con ellas. Supongo que como el aficionado al fútbol que nunca ganará una Copa de Europa con su equipo de amigos del barrio, pero siente que sí la gana si lo hace el equipo profesional de sus amores... (perdón por comparar el montañismo con el fútbol...)

domingo, 31 de enero de 2010

Cumplido plan 61: Barón Rojo en directo

"Este mundo es
un campo de concentración
Pero piensa que
es posible la evasión..."

(Campo de concentración, José Luis Campuzano "Sherpa", Carolina Cortés)


Éste no era un concierto para ir de "tiquismiquis" con la búsqueda de la perfección. Tanto en el escenario como frente al mismo había elementos mucho más importantes que el nivel de calidad. Podría hablarse de nivel de calidez, más bien. Era un concierto histórico, un concierto nostálgico, una oportunidad soñada muchas veces, y un privilegio que alguno dábamos por imposible desde hace muchos años. Porque la ausencia de Bruce Dickinson en Iron Maiden, aunque pareció hacerse larga, apenas duró unos seis años, y la de Rob Halford en Judas Priest fueron doce, pero Sherpa y Hermes Calabria ya llevaban ausentes de Barón Rojo veinte añazos...

Así las cosas, no era cuestión de ponerse exigentes, porque el hecho en sí ya valía la pena. Sigo pensando que he visto al menos dos conciertos de Barón Rojo con mayor calidad musical en general, a pesar de formar parte de la larga etapa (muy digna, por otro lado) de los Hermanos de Castro con "otros músicos" (también muy buenos, en general). Y ayer comencé percibiendo el concierto como siempre, juzgando el sonido, y todo eso. Y sonaba razonablemente bien, ni mucho menos perfecto, pero muy aceptable, con cosas que se escuchaban estupendamente (el bajo de Sherpa y la guitarra de Armando, sobre todo), y con una mezcla general más que correcta, por encima de la media en la sala La Riviera; pero había momentos lo suficientemente defectuosos como para entrar en el límite de "lo que suele fastidiarme los conciertos", y sobre todo, la mayoría de las veces escuchaba más cantar al público que la voz de Sherpa, lo cual me estaba cortando bastante el rollo, porque me parecía fundamental poder escuchar LA VOZ que siempre salía en los discos y que años atrás nunca podía oír en los directos sin Sherpa; era una de las cuentas pendientes (incluso la principal, para mí); Llegaba un momento que incluso yo mismo me quedaba sin cantar (cosa que siempre hacía en todo concierto de Barón), para tratar de percibirlo. Vamos, que aquello no acababa de parecerme el concierto soñado.

Sin embargo, poco a poco me fui dando cuenta de que aquello tenía otros valores que juzgar. Allí estaba la formación clásica de Barón Rojo, la que tantas veces había escuchado en sus discos, y tantas veces me había lamentado de no poder ver en directo. Y lo cierto es que el carisma y liderazgo que aporta Sherpa sobre el escenario suponía una gran diferencia con respecto a cualquier concierto que hubiera visto antes del grupo. De repente, hacía la comparación mental, y me daba cuenta de la sensación de vacío que suponía recordar a las formaciones de los últimos veinte años; era como que faltaba algo sobre el escenario; como que ese grupo que había visto seis veces no eran lo que me habían contado de Barón Rojo, ni lo que percibía de sus discos en directo de los ochenta. Ahora sí tenía a los Barón Rojo de verdad delante de mis narices. Y ciertamente esa sensación si era real, al margen de la calidad objetiva del directo. A partir de ahí, el disfrute fue aumentando.

Lo cierto es que después sí llegaron, afortunadamente, los momentos en que la calidad alcanzaba el nivel mínimo esperado. Sobre todo, la voz de Sherpa pudo lucirse de lo lindo en un tema relativa e incomprensiblemente infravalorado con respecto a otros, y que yo soñaba como la mítica canción que nunca antes había escuchado en directo y encontraba aquí su ocasión perfecta para resucitar: "Tierra de Nadie": muchas menos voces del público cantando que en las anteriores, y el melodioso y cálido timbre de José Luis Campuzano inundó la sala con su reconocible e inolvidable interpretación. Emocionante.

También lució Sherpa en el homónimo "Barón Rojo", y provocó la nostalgia en los juegos de voces con el público de "Los rockeros van al infierno", muy similares a los del mítico disco en directo "Barón al Rojo Vivo" de 1984. Si yo me llegué a emocionar recordando la edición en cinta de cassette que me regalaron hace unos 15 años de ese directo, no quiero ni pensar los lagrimones que posiblemente llegaría a soltar alguno que, presente en este concierto de reunión, estuviera también hace 26 años en la grabación de dicho disco en el Pabellón de Deportes del Real Madrid. Como digo, la nostalgia era uno de los elementos clave de la noche. Allí había gente de todas las edades; el rock duro es un estilo que, al contrario que otros, reúne y acumula generaciones: muchos clásicos le siguen siendo fieles, y sigue llamando a muchos -minoritarios, pero muchos- adolescentes. Graciosa anécodata para el recuerdo: En medio del solo de batería de Hermes Calabria, que ya empezaba a hacerse monótono y cansino, grita uno del público: "¡Venga, coño, que tengo 50 tacos!" Por otro lado, La Riviera estaba anoche a rebosar. Y aunque no es lo mismo las 2.500 personas que caben aquí que tocar en el 84 ante 12.000 almas, tampoco es lo mismo que los locales para 500 personas en los que les vi las primeras veces en los noventa. Y, por supuesto, el público entregado.

Finalmente el concierto se convirtió en una apoteosis que no por esperada dejó de sorprender. Que unos tíos que alcanzan los sesenta tacos dieran un recital de rock de dos horas y tres cuartos, pegando botes con las guitarras en los últimos temas, es más que digno de mención. Y no se hizo largo, tuvo un buen planteamiento, un buen ritmo. Hubo tiempo para todo, para un repertorio plagado de clásicos, eso sí, centrado exclusiva y acertadamente en los discos entre 1980 y 1987, y con predominancia de los cuatro primeros de estudio. Sonaron sorpresas inesperadas y agradecidas como los instrumentales "Efluvios" o "Buenos Aires". Y todos los clásicos imprescindibles, casi sin excepción. Dificilmente alguien pudo decir: "se han dejado tal o cual canción".

Hay que reconocerlo. Con sus defectos, con su imperfección, el concierto de anoche de Barón Rojo fue histórico e inolvidable. Qué pena que no me pillara con diez años menos, cuando tenía más capacidad de disfrutar sin exigir tanto, y cuando el estilo me gustaba más que ahora (alguno podría llamarme en parte "desertor del rock"); Creo que me lo hubiera pasado más a lo grande. Pero bueno, tampoco estuvo nada mal. Mereció la pena ir, sin duda.

REPERTORIO (no en ese orden, pero sí en ese concierto...)

"Concierto para ellos"
"Tierra de Vándalos"
"Incomunicación"
"Campo de concentración"
"El malo"
"Se escapa el tiempo"
"Hermano del rock and roll"
"Con botas sucias"
"Las flores del mal"
"Buenos Aires"
"Rockero indomable"
"Tierra de nadie"
"Caso perdido"
"Herencia letal"
"Son como hormigas"
"Satánico plan (Volúmen brutal)"
"El Barón vuela sobre Inglaterra"
"Breakthoven"
"Cuerdas de acero"
"Barón Rojo"
"Hijos de Caín"
"Larga vida al rock and roll"
"Los rockeros van al infierno"
"Resistiré"
"Efluvios"
"Siempre estás allí"
"Los desertores del rock"
"Casi me mato"

Larga vida a los cabezotas melenudos que se resisten a desaparecer.
Larga vida a esa música hortera, macarra y pasada de moda, que es la mejor.

¡¡LARGA VIDA AL BARÓN!!

viernes, 29 de enero de 2010

Plan 61: Barón Rojo en directo

  1. Momento: Mañana sábado.
  2. Lugar: La Riviera (Madrid).
  3. Plan: Son unas cuantas las veces que he visto a Barón Rojo en directo; algunas de las primeras fueron inolvidables, pero las últimas ya casi sólo me merecían la pena por ser gratis (el grupo recurrente de las fiestas patronales de los barrios y municipios madrileños). En esta ocasión es distinto. Es la oportunidad soñada, tantos años atrás: Ha vuelto la formación original, con Sherpa a la voz y Hermes Calabria a la batería, junto a los permanentes e insustituíbles hermanos De Castro.

miércoles, 27 de enero de 2010

Plan 60: "Avatar" (cumplido).



Momento: El domingo pasado. Esta vez no pude reflejar el plan previamente (como era mi intención), porque el sábado por la noche me entró un virus en el ordenador.

Lugar: Una sala 3D. Creo que merece la pena, y de hecho es la opción más recomendable, habida cuenta de que el aspecto visual es la parte más valiosa de la película, en buena medida por el formato. Hay que reconocer que se ha alcanzado un nivel de calidad en el 3D, y una capacidad de adaptación del cine convencional al formato, que creo que hacen pensar que, en este aspecto, sí podríamos estar ante el verdadero comienzo de la etapa de la transición del 2D al 3D a un nivel quizá equiparable al paso del blanco y negro al color. Vale, es muy pronto para decirlo; aún el cine en B/N fue mayoritario muchos años después de surgir el color, y en cualquier caso nunca se ha dejado de hacer del todo (ahí está, por ejemplo, "La Cinta Blanca").

Resultado:

Alguna vez he mencionado lo gratificantes que me resultan ocasionalmente las escapadas fundamentalmente estéticas, las que no buscan trasfondo, las que no tienen mensaje, o lo tienen limitado, o teniéndolo pasa desapercibido. En la música, por ejemplo, rara vez me intereso por las letras; me basta con el ritmo, con las melodías y armonías, con el virtuosismo de los instrumentistas... ¡viva el rock progresivo...!; con eso ya logro viajar mentalmente. Y con la montaña pasa algo parecido: Se puede intentar explicar lo que se siente ahí arriba, pero sólo viviéndolo se puede entender, y desde luego no tiene por qué conllevar una moraleja, más allá de lo que pueda aportar personalmente a cada uno. Me gusta cómo suena la poesía; no me acaba de gustar el intentar desentrañar su significado.

Y ese es el espíritu con el que creo que hay que ir a ver "Avatar" para disfrutarla. No digo que no me guste el cine con mensaje profundo. Digo que ese es otro tipo de cine. "Avatar" es, fundamentalmente, entretenimiento y espectáculo. Y tampoco digo que no me gusten las escapadas con significado, con conlusiones (ya he mostrado aquí en otras ocasiones que sí). Digo que a veces también me gusta desconectar de las "comidas de tarro" y sentirme como un niño por un rato. Y vaya que si lo logré con la cinta de James Cameron... Como con "La Guerra de las Galaxias", por ejemplo: ese es el espíritu.

En realidad, tampoco hay mucho más que comentar al respecto de lo visual, pues todo está ya dicho: La calidad de las imágenes, el realismo del diseño digital, lo embelesante de la estética, lo impresionantes que son muchas de sus escenas, el atractivo ritmo, la entretenida acción, los momentos más épicos... Una experiencia visual de auténtico lujo. Un manjar para saciar el posible hambre de los ojos urbanos, receptores de tanto colesterol estético a diario; algo similar a lo que busco en parte cuando voy al campo: Pandora es el verdadero "lugar" de éste plan de escapada.

La historia es simple, sí, pero soportable, salvo por algún diálogo algo ridículo y algún personaje demasiado tópico. Por lo demás, es un punto de partida bueno para un argumento de aventuras razonablemente efectivo y en general bien narrado. Si de paso sirve para que quien sólo va al cine a ver efectos especiales comience a pensar un poco (a nivel básico), bien venido sea.

Casi todo lo demás que me gustaría expresar lo haré copiando mi propia crítica en Filmaffinity:

"Lo peor de Avatar es, con diferencia, la exagerada y grandilocuente campaña de publicidad que la promociona. No es publicidad al uso. No se trata simplemente de pasar mil veces el trailer por la tele, o de llenar las calles con montones de anuncios. Se trata de crear una corriente de opinión bien estudiada. De untar de dinero a miles de medios de comunicación en todo el mundo para que críticos supuestamente objetivos y sinceros hablen exageradamente bien del film, ensalzando valores que no tiene, y dando una idea equivocada de las pretensiones de la película.

La idea que nos han querido vender (y que a muchos parece haberles convencido) es que se trata, por un lado, de una historia trascendental. Por otro, que es una película que supone un antes y un después en la historia del cine, como hacía mucho que no se veía. Ya he visto, en dos medios totalmente distintos, el mismo reportaje comparando "Avatar" con "Lo que el viento se llevó"... ¿casualidad? Evidentemente, no: Todo está estudiado, y pagado por la productora de la película (incluídos los Globos de Oro y los Oscars, obviamente).

La realidad es mucho más austera, menos "glamourosa", por mucho que le pese a Cameron y a sus fans: "Avatar" es simplemente buen cine de entretenimiento con producción de primerísima categoría. Punto. Lo cual tampoco está nada mal, pero no es lo mismo.

Dicho lo cual, si uno va al cine sin esperar más que entretenerse e impresionarse con el aspecto visual, lo normal es que disfrute, y mucho, si le gusta el género. Por que, superado el engaño, por lo demás hay que decir que Avatar es un gran espectáculo en su género. Es una muy buena película, sabiendo medir sus intenciones. Incluso la simpleza de la hitoria no la convierte en pretenciosa como han criticado algunos; me parece que su superficialidad es intencionada, es una excusa para contar una historia de aventuras, y por lo tanto no pretende ser profunda. Pretenciosa es, en todo caso, la campaña publicitaria.

Yo me lo pasé en grande viéndola. Pero, insisto, desconectando de la idea sobrevalorada que nos han querido vender. Si quieres salir conmocionado o sentir una sacudida de conciencia o mensaje, te decepcionará. Esto no es cine sesudo, ni mucho menos.

Otra perla de alguno de los críticos: comparar su estética con los grandes artistas del barroco. ¿Se puede ser más exagerado? ¿Se pueden hacer comparaciones más insultantes al intelecto cultural y artístico? De verdad que es de chiste todo lo que se puede llegar a decir. Y, a la larga, todo eso perjudica a la opinión de la película, le resta credibilidad; Y es injusto, por que es una película que, en su correcta medida, en su verdadero estilo, creo que merece una muy buena opinión".


(Hasta aquí la crítica para Filmaffinity).

Es cierto, por otro lado, que la idea básica del argumento daba para mucho más, y resulta comprensible la decepción ante la oportunidad perdida para haber contado una historia mucho más potente, con más calado. Pero esa habría sido otra película; y "Avatar" es la que es, y no es justo que pierda mérito por la comparación con esa otra hipotética película; no es mejor ni peor, es distinta, con otra intención distinta. Además, esa otra película fue, en muchos aspectos, "La Selva Esmeralda" de John Boorman. Quien buscara algo más profundo en "Avatar" debería ver aquella (en la que por cierto es seguro que James Cameron se ha fijado para hacer ésta, entre otras). Incluso el crítico E. Rodríguez Marchante apunta la posibilidad de que haberse tomado más en serio la historia de "Avatar" podría haber sido una insensatez para el resultdo global de la película, y de paso sugiere la acertada idea de que es más un cuento que una historia de novela:

"Allí donde se juntan cine y alucine. (...) se sale ebrio de fantasía, pero entero, porque la película ha tenido la sensatez de mantener el fondo liviano del cuento, el 'érase una vez', dentro de un pellejo abrumadoramente perfecto. (...)"

Al menos éste no ensalza equívocamente la intención de la película...

Por último (esto ya está quedando muy largo), me alegro de comprobar que aún soy capaz, aunque sólo de vez en cuando, de disfrutar de las cosas libre de los prejuicios propios del paso de los años; me alegro de poder ir al cine a veces más como un niño que como si fuera un crítico de cine. Quizá en parte la felicidad consiste en actitudes así, al menos aplicándolas moderadamente.

jueves, 21 de enero de 2010

Silogismo disyuntivo

Leí esto en el 20 minutos:

"Hace años, cuando eso de Internet sonaba a chino mandarín, resultaba comprensible que las listas de ventas las acaparasen los artistas de las grandes multinacionales. Al fin y al cabo para muchos apenas había otra opción. Cuando en el año 2000 conocí Napster, se abrió ante mis ojos un universo inabarcable de cultura musical al alcance de un clic. Entonces lo vi claro: aquello era el fin -o casi- del artista prefabricado, de los grupos convertidos en superventas a golpe de talonario, de la farsa mainstream que había imperado durante años. Cualquiera podría conocer, disfrutar y compartir música de calidad superando los circuitos tradicionales de promoción. Y por ende, hacer disparar su cota de popularidad masiva. Hoy, una década después, miro los artistas que arrasan en las listas de ventas y me pregunto qué falló en mi silogismo disyuntivo."

Del blog Entrada Gratuita de Dani Cabezas.

El artículo está curioso, y tiene un final muy irónico y acertado, pero en realidad la respuesta no es tan difícil: Aunque los medios cambien, los que tienen dinero para pagar la publicidad en los mismos son los de siempre. Y por otro lado la música fácil sigue siendo la más accesible si la educación sigue siendo la misma.

Otra entrada relacionada (ésta ya es mía):

"Madurez" musical

miércoles, 20 de enero de 2010

Pasiones inexplicables

"Las pasiones humanas son un misterio: quienes se dejan arrastrar por ellas no pueden explicárselas y quienes no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay seres humanos que se juegan la vida por subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, pueden explicar exactamente por qué..."

De "La Historia Interminable", Michael Ende.

lunes, 18 de enero de 2010

Cumplido plan 59: The Whirlwind



No todo en la vida tiene por qué ser quejarse. Por ejemplo, hay que reconocer que es todo un privilegio poder contar con la entrega de cuatro musicazos como los que componen Transatlantic para poder disfrutar de tan buenos ratos de música. No contentos con el tiempo y esfuerzo que dedica cada uno de ellos a sus grupos principales (Dream Theater, Neal Morse, The Flower Kings y Marillion), extienden su talento y su pasión a este proyecto, tan exigente como aquellos. No se trata de una música precisamente fácil de hacer, por muy virtuosos que sean, no cuenta con un gran éxito en cuanto a ventas, y ni siquiera les queda el consuelo de tener -hoy en día- el halo de música respetada que tiene el jazz, pero gracias a su fe en ellos mismos, las minoritarias minorías de friquis que les seguimos colmamos nuestras espectativas musicales con creces. Lo dicho, como para quejarse.

Así pues, escuchar "The Whirldwind", álbum que sacan tras ocho años de sequía en cuanto a discos de estudio con material nuevo, es un regalo. Sale barato comprar el disco incluso en estos tiempos de la decadencia del formato físico.

Por lo tanto, la espectativa previa a la escucha era elevada. Y el disco cumplió con lo esperado y deseado. Y además prometió. Prometió un aumento del interés en posteriores escuchas. Creo que hay mucho detalle para apreciar en cada nueva audición.

"The Wirldwind" tiene la potente propuesta de ser un único tema o suite de 78 minutos. Aunque esté dividido en doce partes, no resultan ser canciones independientes; realmente se tiene la sensación de composición sólida, unitaria e indivisible. Bastante más incluso que en el "Scenes From a Memory" de Dream Theater, por ejemplo. Y lo cierto es que me ocurrió algo bastante sorprendente: el primer momento en el que me levanté para mirar en el equipo si ya iba por la mitad (esa era mi sensación), resulta que ya estaba en el corte número once (el pénúltimo): ¡se me hizo sorprendentemente corto! Algo parecido (en otro campo totalmente distinto) a lo que me pasaba en el cine con las películas de El Señor de los Anillos: una utilización tan intensa del ritmo y del tiempo que logra abstraer de la idea del paso del mismo.

No me parece tampoco -de momento- el mejor disco de rock progresivo que he escuchado últimamente (creo que el primero del grupo, por ejemplo, me gusta más), pero, aparte de que es susceptible de ganar -como he dicho- con la acumulación de escuchas, sí es de lo mejorcito. Es el disco que habría preferido que sacaran Dream Theater en lugar de "Black Clouds & Silver Linings", o el disco que llevan dos años sin sacar The Flower Kings. Me parece que no tiene desperdicio, y que posee dos o tres momentos en los que llegué a quedarme embelesado (a pesar de lo muy acostumbrado que empiezo a estar a esta música), como el final de ese mencionado tema 11, y cuyo título es la pregunta que uno se hace mientras escucha esas virguerías tan absolutamente alucinantes y al mismo tiempo llenas de atractivo y emoción: "Is it really happening?"

Ahora, a esperar pacientemente a ese maravilloso acontecimiento (para cuatro friquis), que es la posibilidad de verles tocando en directo... eso ya suena a lujo...

sábado, 16 de enero de 2010

Plan 59: "The Whirlwind" (Transatlantic)

  1. Momento: Próximamente (tal vez, esta misma noche).
  2. Lugar: Mi habitación (físicamente, porque mentalmente espero hacer honor al nombre del grupo, como mínimo).
  3. Plan: Escuchar (sin hacer otra cosa) el último disco de la banda Transatlantic, el cual aún no he catado. Se trata de un único tema o suite de 78 minutos de duración... El supergrupo lo componen Neal Morse (ex - líder de Spock´s Beard), Mike Portnoy de Dream Theater, Roine Stolt de The Flower Kings y Pete Trewavas, de Marillion. Progresivismo por los cuatro costados (y nunca mejor dicho). Y además vienen a tocar en mayo; ya tengo la entrada, y ya pondré el plan...