domingo, 15 de noviembre de 2009

Cumplido plan 48: Vereda del Cristo (Colmenar de Oreja).

ADVERTENCIA: El senderismo, y más en solitario, es una actividad que puede conllevar algún riesgo, incluso en terrenos aparentemente suaves, especialmente si no se tiene experiencia en excursiones por el campo o un buen sentido de la orientación. El autor se exime de toda responsabilidad sobre cualquiera de las posibles decisiones que pudieran tomar al respecto quienes lean esto, y por tanto de sus consecuencias.


Iglesia de Santa María La Mayor (s. XIII y XVI)

Ruta por el término municipal de Colmenar de Oreja, al sudeste de la provincia de Madrid, que transita por vías pecuarias a través de un terreno de páramos, vegas y barrancos, con suelos calizos, arcillosos y yesíferos, y cultivos de olivares, viñedos y pinares de repoblación. Un lugar diferente a lo que acostumbro a visitar en mis excursiones, que por tanto ayuda a desconectar sin dejar de salir o escapar (o a escapar de la escapada). También es cierto que, pequeños detalles o anécdotas aparte, este itinerario carece -para mi gusto- de la espectacularidad habitual de la montaña y de sus entretenidas posibilidades, así como de su capacidad para evocar ideas que reflejar aquí. Como además en este caso no procede realizar aparte una "descripción técnica", por estar fuera del ámbito montañero de la página en la que suelo plasmar dichas actividades, creo que lo mejor es que en esta ocasión esa "descripción técnica" sea el contenido principal de esta misma entrada (o poco más tendría de lo que escribir aquí...).

Empecemos por el croquis del itinerario. Pinchar sobre él para ver en grande:



Hay dos rutas básicas circulares señalizadas (aunque existen más caminos alternativos). Ambas están indicadas en mayor o en menor medida por mojones cuadrados blancos y por postes de madera. La ruta roja es una variante que sirve de prolongación a la verde. Las señales de los mojones y postes tienen el color correspondiente de cada ruta. La verde son poco más de 7 kilómetros con unos 250 metros de desnivel acumulado, y la roja lo aumenta a 10,5 kilómetros y algo menos de 400 metros de desnivel total. La roja está peor señalizada y el itinerario del mapa resulta un tanto confuso en el terreno, aparentemente por abandono y desaparición de algunos tramos de las vías pecuarias, así que es recomendable limitarse a la verde en caso de poca experiencia en senderismo y/o poco sentido de la orientación en el campo. Las fuentes no son de agua potable -algo salobres, como consecuencia del terreno-, así que habrá que llevar para todo el recorrido.



Se parte de la bonita Plaza Mayor de Colmenar, visible en esta foto de arriba, y en cuya esquina suroriental hay dos salidas (primera foto de abajo), eligiendo la puerta de la derecha (sur) para iniciar el itinerario. Tal y como se ve en la segunda foto de abajo, es algo así como la puerta de salida al exterior del pueblo, y también a la excursión; hay que seguir de frente (sur) por la carretera asfaltada que conduce a la Ermita del Cristo.





Se llega en breve a la Ermita del Cristo del Humilladero (capilla del s. XVI, cruz latina y añadidos barrocos), lugar de posible visita, para combinar senderismo y turismo cultural:





La carretera se prolonga a la derecha de la Ermita según he llegado a ella, por donde se debe seguir:



Una vez pasada la Ermita, la carretera sube al cementerio, pero hay que desviarse a la izquierda por esta pista de tierra:



En la muy cercana siguiente bifurcación, se toma el camino de la derecha junto a la fuente, que transcurre entre un pinar a la izquierda y la tapia del cementerio a la derecha:



Tras llegar a un alto, observo el aspecto del terreno ondulado del inicio de la ruta. Aquí me cruzo con otra traza de camino, pero sigo de frente, para bajar a una vaguada:



El camino vuelve a subir por la ladera contraria de la vaguada, hacia el sur:



Camino ya junto a olivares, cultivo predominante de la zona:



Al poco rato cruzo la carretera M - 322:



Prosigo de frente al otro lado de la carretera, por la continuación de la vía pecuaria (así indicada por el cartel de la derecha):



Muy pronto habrá una nueva bifurcación, en la que opto por la derecha (suroeste), e inmediatamente después otra, esta vez eligiendo la izquierda (este); la segunda es la de la foto, aunque en ella ya estoy girado hacia la nueva dirección:



Pronto se llega a la fuente de Valdegredero, junto a tres chopos y un plátano de sombra:



En esta zona se cruzan cuatro direcciones alternativas, por todas las cuales se transcurre en momentos distintos del itinerario; digamos que es el "centro de un 8", que es la forma del itinerario (véase el croquis). De momento sigo de frente, por el camino más amplio:



Tras virar el camino hacia el sur-sureste, nueva bifurcación: a la izquierda:



Después de una subida, llego a lo alto de un mirador con un panel interpretativo de las vistas que hacia el sur se observan (inlcuidas la ribera del Tajo y la provincia de Toledo). Aquí hay que seguir a la derecha:



Ya de nuevo bajando, otra bifurcación: a la derecha:



Estoy en el tramo de bajada más pronunciado de la ruta. No en vano, los barrancos que caen a este Arroyo de Valdepinar ofrecen el paisaje más abrupto del lugar. Domina el terreno yesífero, y las repoblaciones de pino carrasco:



Sigo bajando. Además del polvo calcáreo del suelo, indica la naturaleza del terreno alguna coscoja como la de la derecha:



Estoy llegando a una nueva confluencia de caminos que alcanzaré tras cruzar el fondo del Barranco de Valdepinar. Aquí habría que seguir por la pista de la derecha para realizar el recorrido básico (verde), y por la trocha que sube hacia el pinar para hacer la variante roja:



Esta es la continuación de la ruta verde, hacia el sur-suroeste, que yo recomendaría a quien no tenga demasiada experiencia o buena orientación:



Yo seguí por aquí (variante roja, este-sureste):



El camino, inicialmente el tramo de subida más largo , se introduce en un pinar de repoblación más tupido que en el resto del itinerario:



Más arriba me cruzo con una pista que no coincide con la dirección que indica el mapa; ésta más bien consistiría en seguir de frente, por una traza que desaparece en breve, al llegar a un olivar:



Al desaparecer la traza, continúo por lo que, intuyo, debió ser la vía pecuaria (ahora convertida en terraza de plantación de olivos), a la izquierda de un almendro (y también a la izquierda en la foto):



Bajo el almendro, al ponerme a recoger almendras caídas, me encuentro con esta preciosa mantis:



Continúo por la invadida traza de la vía pecuaria:



Una pequeña subida por una senda estrecha al final de la terraza - vía pecuaria:



Y me dirijo al cercano pinar:



Dentro del pinar, busco la cercana vaguada a la derecha:



Y en seguida doy de nuevo con la pista de tierra, que cojo hacia la izquierda, justo antes de una curva de la misma:



Más adelante, bifurcación que sigo a la derecha (sureste):



Pronto llego a lo que el mapa debe llamar Peñas Rubias, unos diminutos pero llamativos farallones calizos, con alguna pequeña cuevecilla, y una buena panorámica general. Elijo esta zona para ponerme a comer.







Volviendo a seguir la pista de tierra, llega un momento en que ésta desaparece entre olivares, y me quedo sin traza de camino. Por aquí empiezo a improvisar una bajada hacia el sur, que me acerque al límite provincial con Toledo, para luego entrar en el valle de Valdegredero y remontarlo (nornoroeste) por su vaguada hasta volver a su fuente homónima (el "centro del 8", recordemos). En esta zona me abstengo de dar indicaciones concretas con fotos, porque el lío es ya un poco grande. Así que, en caso de duda en este punto y de no querer improvisar como hice yo, queda la posibilidad de volver por donde se ha venido, hasta el punto de cruce de la ruta verde y la roja, en el Barranco de Valdepinar.

Más tarde, y habiéndose puesto a llover, vuelvo a encontrar los mojones y postes de la ruta verde. En esta foto se ve a la derecha la pista que viene del Barranco de Valdepinar y por la que se llega si no se hace la variante roja, y a la izquierda la continuación o regreso (nornoroeste):



El camino se interna en un curioso barranco (no me cuadra que sea un desmonte artificial, para tan austera pista):





De nuevo en la Fuente de Valdegredero (agua no potable, insisto):



Y de nuevo en el "centro del 8", se sigue hacia el norte, de frente por la senda que sube:



Un poco más arriba, se coge la bifurcación de la derecha:



El tramo final de la ruta, regresando a Colmenar, es el más desolador, por lo llano e inmenso del páramo que se recorre, acrecentada la sensación este día por el cielo totalmente cubierto:



Se llega a la carretera M - 311, que se coge hacia la izquierda, y junto a la cual regreso a Colmenar en muy pocos minutos:



Llegando al pueblo, ya con las luces encendidas. Al fondo la iglesia de Santa María la Mayor, y abajo a la derecha, la entrada a la Plaza Mayor, donde comencé (y terminé) el itinerario:



Bueno, con la tontería de hacer aquí la descripción detallada, al final me ha salido una entrada más larga y con más fotos que cualquier otra de montaña... ¡no era precisamente mi intención que pareciera mayor mi interés por esta zona que por Pirineos o Gredos...!

En fin, un sábado de agradable paseo, preferible a quedarse en casa, pero lejos de la emoción habitual de la montaña. En este sentido, noté la falta de afecto hacia el paisaje; en lo alto de Torres de Pedriza, o del Almanzor, o de algún tresmil pirenaico o dosmil cantábrico, siempre tengo la sensación de que hay algo del lugar que ha pasado a formar parte de mí; ayer no pude disfrutar de esa sensación (aunque me pareció un lugar interesante y bonito). Por otro lado, esta es quizás una excursión más apropiada para realizar en compañía: eché en falta un poco de conversación, que en lugares de alta montaña no tiene por qué ser tan necesaria, pues incluso la soledad ayuda a apreciar mejor la llamada belleza de lo inhóspito (luego ocurre, sin embargo, que en una excursión por la montaña con compañía nutrida, hay veces en que a tu alrededor la gente va hablando del trabajo, del banco, etc. ... ¡¿No se trataba de dejar esos problemas en casa...?!).

En cualquier caso, andando y observando, siempre se sale ganando. (Este refrán me acaba de salir solo, según iba escribiendo...) Venga, otro: Un día de campo siempre es un día bien aprovechado. Vamos, que no estuvo mal.


viernes, 13 de noviembre de 2009

Plan 48: Senderismo: Vereda del Cristo

  1. Lugar: Colmenar de Oreja, al sudeste de la provincia de Madrid.
  2. Momento: Mañana sábado.
  3. Plan: Ya que es el segundo fin de semana consecutivo con previsión de tiempo desapacible en la sierra, pero esta vez no quiero resignarme a no salir de la ciudad, y además estoy últimamente cansado y en baja forma, opto por una alternativa de senderismo de baja altura y escasos desniveles. Se trata de un recorrido circular por las vías pecuarias y sendas al sureste de Colmenar de Oreja, Pasando por la Ermita del Cristo, El Palomar, el Llano del Encinar y Peñas Rubias, y llegando al límite provincial con Toledo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Cumplido plan 47: Les Luthiers.

Llevo dándole vueltas todo el día acerca de qué contar en esta entrada sobre el espectáculo de "Los Premios Mastropiero" de Les Luthiers, cuya representación disfrutamos (y mucho ) ayer. Las primeras ideas que he tenido estaban llenas de tópicos, me parece que para leer eso ya se habrán escrito otras crónicas o reseñas. Luego se me ha ocurrido narrarlo al propio estilo de los cómicos argentinos, con juegos de palabras y demás (extraidos o no de la obra), pero se me antojaba demasiado complicado que resultara al mismo tiempo coherente, gracioso, y a un nivel lejanamente digno a Les Luthiers. También había pensado incluir cierta anécdota personal relacionada con la noche del espectáculo (y con el propio espectáculo), así como mi habitual relación de impresiones personales o reacciones anímicas. Creo que nada de eso, en este caso, se parece a aquello que me gusta reflejar en este blog, o dicho de otra forma, no creé este blog para rellenar, sin más, ideas que tampoco me dicen gran cosa a mí mismo, como me ocurre en esta ocasión.

Y creo que la razón es bien simple: El objetivo, reirnos, quedó cumplido. Y ante ese tipo de objetivos, poco más queda por decir. La risa me parece algo demasiado puro y espontáneo como para que necesite más comentarios, como para que haya que hablar con mayor o menor profundidad de ello. Fue un muy agradable paréntesis de más de hora y media de diversión a la gris realidad. Y hubo un par de momentos en los que mi risa era absolutamente incontenible, no simplemente complaciente con algo gracioso o ingenioso. Pues eso. Como si me pongo a hablar del placer de echarse la siesta (hay quien escribiría libros sobre ello, si no se ha hecho ya...)

Bueno, vale. Como la cosa quedaría muy escueta si acabara aquí, soltaré algunas de las tópicas ideas iniciales, pero sólo para rellenar. Por muchos es sabido que el de Les Luthiers es un humor normalmente inteligente, fino, elegante, y al mismo tiempo con toques críticos bastante mordaces. Pero a mí me pareció que lo mejor es su dominio de estilos de humor tan variados y diferentes, tanto dialogados como visuales; supongo que tengo el recuerdo de aquella cinta de audio que me dejaron hace tantos años, y ahora entiendo mejor las risas del público en medio de los silencios de los actores. Por otro lado, es asombrosa (y también consabida) su calidad artística, en todos los campos escénicos: actoral, vocal, instrumental... Verdaderamente, unos auténticos monstruos. Un privilegio haberlos visto, después de tanto tiempo (era una vieja cuenta pendiente, por influencia de lo que me había contado hace años un primo mío).

martes, 10 de noviembre de 2009

Plan 47: Les Luthiers: "Los Premios Mastropiero"

  1. Momento: Mañana.
  2. Lugar: Palacio Municipal de Congresos.
  3. Plan: Reirnos. Toca desdramatizar.

domingo, 8 de noviembre de 2009

"Hijos de nuestro tiempo"

La semana pasada leí esto en el 20 Minutos (resumo):

"Unos 562.000 jóvenes españoles ni estudian ni trabajan ni buscan empleo.
(...)hay más de 43.000 jóvenes de esa franja de edad (20 a 29 años) incluidos en la categoría que el INE denomina como "activos potenciales desanimados". Son los que, al ser preguntados en la encuesta por el principal motivo por el que no habían buscado empleo en las últimas cuatro semanas contestaron que no creían que lo fuesen a encontrar.
Pero no se debe pensar a la ligera que se trata de un grupo de vagos. Conviene eliminar el estereotipo e interpretar su situación en relación con la precariedad del mercado laboral actual.

"Considerarlos unos pasivos porque no hacen nada da una falsa imagen de parados profesionales", señala Andrés Canteras Murillo, sociólogo experto en temas juveniles y profesor en la Universidad Complutense. Para él, en realidad, son hijos de su tiempo, que sufren la precariedad laboral y la falta de expectativas.
Canteras también apunta el cambio cultural producido en los hogares, con hijos cada vez de más edad en casa de sus padres y sin problemas de convivencia. Y concluye: "Tiene que ver con la desilusión, la pérdida de interés y la apatía. No me gustaría ser joven en la actualidad·."

No tengo claro si las justificaciones del sociólogo se deben a una necesidad de no inducir más depresión en los aludidos por sensación de posible marginalidad (cuando un grupo estadístico es muy numeroso, parece conveniente ser comprensivo con él, no vaya a ser que tengamos problemas...), si realmente tiene razón -como yo opino- en dicha comprensión hacia el desánimo de ese sector, o si habría que ser tan intolerante con su actitud como muchos de los comentarios que en el enlace de arriba se hacen al artículo, puesto que se debe dar por irrefutable que hay que aceptar la sociedad como es y, en consecuencia, luchar como autómatas (o como esclavos) para seguir manteniendo este sistema sin rechistar.

Lo que sí tengo claro es que yo dejé de pertenecer a esa estadística hace dos años y medio y, no sólo no me ha cambiado la mentalidad que tenía entonces, sino más bien al contrario, cada vez me parece más absurdo seguir trabajando para un sistema en el que no creo. Uno hace un esfuerzo por adaptarse, y es ese mismo esfuerzo el que le quita las ganas hacia dicha adaptación. Bueno, el esfuerzo exactamente no; la sensación de gasto de esfuerzo en la dirección no deseada, más bien. Seguramente me canso más en una excursión por la sierra que en una jornada de trabajo (aveces incluso madrugo más) y no me importa.

Ser uno mismo. Luchar por aquello en lo que uno cree. Son conceptos que pueden llegar a ser tan tópicos como utópicos hoy en día, en los que sin embargo nos vemos obligados a seguir creyendo para no caer en la desilusión. Pero luego hay que ir a la entrevista de trabajo de turno simulando mucho interés en algo que por amor al arte ni te iría ni te vendría: la realidad es que uno necesita ese trabajo o ese sueldo, y punto. Lo demás, al menos por mi parte, es hipocresía (en la mayoría de los casos).

Pues he aquí que, casualmente, estas últimas semanas ese hastío me había hecho ponerme a buscar trabajo (no lo había hecho desde que trabajo), y lo cierto es que me he sentido igual que cuando estaba en el paro: no me ilusiona practicamente nada de lo que hay. Cuando veo que empiezo a deprimirme, dejo de buscar trabajo, y acepto el que tengo hasta tener mejor ánimo. Allí me pongo el mp3 y así no pienso. Fuera, me pongo a leer, a ver películas, a preparar, hacer y describir excursiones, y quedo con los amigos y así me distraigo. Y problema resuelto: Estancamiento. Una vergüenza para la sociedad, según esos mensajes intolerantes a que me refería... ¡Ah, no! ¡Si yo estoy trabajando! ¡Entonces soy un ejemplo a seguir! ¡Soy digno! Me parto la caja...

Nadie elige nacer. A nadie le proponen firmar en un papel si está de acuerdo con las condiciones y el funcionamiento de esta sociedad; simplemente hay que aceptarlo y punto. Hace falta dinero para comer, y trabajo para tener dinero. Es decir, que el simple hecho de sobrevivir (o sea, mantener esa vida que no has elegido -y no digo con esto que haya que despreciar la vida-) es una obligación social. Y debes hacerlo bajo los caminos socialmente establecidos. Si te "borras" de la sociedad, eres un marginado, y serás tratado como tal. Incluso al suicida (del que tampoco pretendo hacer apología) se le considera un delincuente. ¿Qué clase de marrón es este? ¿Cuándo y por qué dejamos que nuestras vidas dejaran de pertenecernos? Es todo tan absurdo... Pero luego es todo el mundo tan "bien pensante" y tan cruel con quien, libremente, no acepta todo eso... ¡¡¡Yo quiero tener mis propias ganas de vivir, no las que me impongan por imperativo legal!!! ¿Es tan difícil de entender? Debo ser un radical...

Así pues, entiendo a muchos de los que siguen formando parte de ese grupo que ni estudia ni trabaja ni busca trabajo. Incluso me parece valorable algún caso concreto, como el que ponen en el propio artículo:

Emilio J. Rivas González. 26 años. Volcado en el teatro.
"¿Y si lo que te gusta no da dinero?"
"Yo estoy licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas. Luego hice un curso de técnico de sonido, pero no me salió trabajo. Y unas prácticas. Al final me fui a Granada, donde trabajé en un bar, a hacer unos cursos de teatro, que es lo que en realidad me gusta. (...) Yo no quiero pedir un trabajo, sino fabricar el mío. Estoy escribiendo una obra, ensayamos y preparamos el espectáculo, pero eso no te lo paga nadie. Intento vivir con lo mínimo. Yo me sentiría rico si pudiera vivir del teatro".


Me recuerda a la historia de la muy recomendable película Noviembre de Achero Mañas. De hecho, se trata de algo que en la actualidad ocurre habitualmente en el mundo de la cultura y del arte. Y cuanto más mercantilista, materialista y "productivista" sea el sistema, menos oportunidades tendrá la creatividad de abrirse camino. Porque, entre otras cosas, no interesa el pensamiento díscolo con el sistema. Como mucho, que sirva de evasión para el tiempo libre, y luego a volver a olvidarse de la utopía, que a la mañana siguiente hay que volver a madrugar para producir y mantener el sistema en su mismo rumbo ambicioso. ¿Y si en su tiempo no hubiesen encontrado salida genios (en algún caso por cierto inmaduro socialmente) como Mozart, Shakespeare o Goya? ¿Cuántos genios actuales nos estamos perdiendo, a cambio de celebridades que en muchos casos no valen ni lo que muchos empleados desconocidos, pero que producen dinero a mansalba, adorados por las multitudes?

En fin, que el artículo llegó con dos años y medio de retraso para poder haberme hecho sentir digno en aquella época... Ahora, a seguir aguantando y no quejarse, faltaría más. Todo por el sistema. Y por el dinero.

martes, 3 de noviembre de 2009

Cumplido plan 46: Corredor central de la Cuerda de las Buitreras + alguna afortunada improvisación.

ADVERTENCIA: El montañismo es una actividad que supone riesgos. No debe realizarse sin la experiencia y el material adecuados. El autor se exime de toda responsabilidad sobre cualquiera de las posibles decisiones que pudieran tomar al respecto quienes lean esto, y por tanto de sus consecuencias. Ruta poco conocida y con escasa señalización, apta para enriscarse y/o despeñarse.



Es curioso que dijera en la anterior entrada que el objetivo de este plan era una excusa como otra cualquiera para volver a salir a la sierra. Porque dicha excusa, junto con otra exploración posterior en la bajada, dieron lugar a una de las excursiones por Guadarrama más entretenidas y vistosas en cuanto al itinerario, no ya de los últimos meses o años, sino de toda nuestra experiencia por esta sierra. Pretendíamos explorar una zona nueva de cara a su interés para la futura época de nieve, y la propia exploración fue una gozada, un aliciente en sí mismo.

Hicimos una ruta original, improvisada, poco transitada (en solitario salvo en los puntos de paso obligados como la cima de La Maliciosa), y con un caracter rocoso abrupto realmente espectacular, manteniendo la filosofía de un año más o menos pródigo en crestas accesibles pero imponentes (Posets, Espigüete, Covacha...). Ya dije en otra entrada que me parece importante en montaña buscar la alternativa, la inventiva. Y en Guadarrama es aún más importante, cuando las rutas normales son tan fáciles y están tan saturadas de gente. A veces es cuestión de separarse unos pocos cientos de metros del camino habitual y, sin cambiar de montaña, tratar de acceder por donde no parece tan evidente; sin tener que llegar a dificultades considerables, se puede dar con rutas como esta: agreste, solitaria, vistosa. Un poco de creatividad puede descubrir rincones insospechados en Guadarrama, con un caracter que normalmente vamos a buscar a zonas como Gredos.



Y eso que la cosa no empezó bien del todo, en cuanto a sensación de estado físico y anímico. Quizá por la sensación de estar simplemente haciendo una preparación para una excursión futura, quizá por la eterna repetición de caminos y zonas de aproximación, o quizá por cuestiones más generales, relacionadas con cierto hastío vital, qué sé yo; el caso es que en el tramo entre el Puerto de Navacerrada, Cuerda de las Cabrillas y -por el PR M 17 - la Fuente de la Campanilla (ya en el Valle de la Barranca), íbamos como con sueño, falta de ritmo, cierta dejadez...

Y eso a pesar de que muy al principio habíamos podido contemplar ya el objetivo del plan, desde la Cuerda de las Cabrillas, como se ve en la siguiente foto. A pesar del incómodo trasluz, se puede ver la Cuerda de las Buitreras, por detrás de la cual asoma la cima de La Maliciosa a la izquierda y el vistoso triángulo del Peñotillo (sorpresa final de la excursión) a la derecha. Justo por debajo de éste, se superpone el collado o portilla (prado amarillento, iluminado por el sol) en que acaba el corredor central de la Cuerda de las Buitreras, todo el cual se puede ver perfectamente en la foto siguiendo la caída de la ladera. Por lo tanto, se ve aquí toda la zona culminal de la ruta, con la subida por el corredor hasta la portilla, el tránsito por la cuerda hacia la izquierda (noreste) -al principio bordeando algún resalte, pero luego ya todo el rato por la cresta- la cima de la Maliciosa, la bajada y trepada al Peñotillo, y luego ya vendría la entretenida y aventurera improvisación final, de la que luego hablaré.



Pero el caso es que, hasta poco después de dejar atrás la Fuente de la Campanila, no se puede decir que estuviéramos muy entusiasmados. Subimos unos metros por el camino -PR M 26 - que lleva al Collado del Piornal, y en el primer claro del bosque en que vimos de nuevo la Cuerda de las Buitreras, con la portilla en lo alto (desde esta perspectiva con una equívoca forma de "V"), nos salimos de la transitada senda para subir directos por la ladera hacia el corredor.

Y en el momento de convertirse el itinerario en una exploración, quedando atrás los ya convencionales caminos, el ánimo empezo a renacer poco a poco. No es que fuera inicialmente un terreno especialmente agraciado (al menos sin nieve), pero la cosa ya tenía un cierto interés, un cierto carácter aventurero, y en lo alto nos esperaba una pared rocosa que, altiva, parecía atraernos.



Comprobamos todo lo referente a esa futura ascensión con crampones. Zona umbrosa, a la que la luz del sol no llegará demasiado temprano ni durará mucho: tras las nevadas tardará más días en estabilizarse, pero una vez conseguido aguantará más tiempo por la mañana (no hace falta un madrugón exagerado). El tubo comienza desde bastante abajo y tiene una profundidad de casi un par de metros, con lo que parece adecuado para la acumulación de nieve, aunque hará falta un espesor de más de un metro para que se tape bien el abundante matorral. La pendiente no parece llegar a los 40º, con lo que no sobrepasa nuestro nivel habitual. Tampoco hay demasiados obstáculos rocosos, y en el peor de los casos siempre hay algún hueco para rodearlos, sin salirse del tubo. Y esto último -abandonar el tubo- no es difícil en caso de miedo o dificultad, pues la ladera es amplia y abierta, salvo en el pasillo rocoso final. En cuanto a la continuidad para hacer cima en la Maliciosa, mucho más fácil de la peor de mis previsiones, como ya he dicho casi todo el rato por la cuerda.





Zanjadas las cuestiones preparativas, a seguir disfrutando. La llegada a la portilla final del corredor resultó vistosa por las paredes que nos rodeaban. Las panorámicas desde arriba, hacia la Maliciosa y el Peñotillo, espectaculares y emotivas por lo novedoso de una perspectiva nueva de algo tan conocido y familiar. Y la propia cuerda (que pronto disfrutamos cresteando), era efectivamente uno de esos rincones espectaculares que nos quedaba por conocer de Guadarrama. Espero que algún día tengamos el dominio suficiente de técnica para hacerla en su totalidad, porque debe ser una gozada. La parte que nos quedaba desde aquí para llegar a La Maliciosa practicamente no tenía dificultad, salvo un primer resalte inmediato al collado, que se puede bordear por su derecha. Pero, en cualquier caso, muy vistoso y entretenido.





Ahora ya estábamos animados y disfrutando. La bajada de la Maliciosa al Peñotillo (primera idea que improvisamos por la marcha) la hicimos sin abandonar los pequeños resaltes rocosos de la misma cuerda -en vez de rodearlos-, porque ya íbamos divirtiéndonos con el juego de trepar y destrepar, y también con la gratificante sensación de pérdida de miedo a la exposición: hay en este tramo un pequeño paso de destrepe bastante estrecho, algo aéreo y de dificultad que ronda el I+ o incluso el II, y en el que otras veces anteriores me habría puesto nervioso; me alegra ir dominando estas historias psicológicas. Por otro lado, íbamos con la guasa de la "elegancia" en el cresteo (como si estuviéramos en la Arista Hornli del Cervino, ya ves tú... al filo de lo probable...).



Pero la sorpresa final llegó cuando, en la cima del Peñotillo, miramos hacia la continuación natural de la cuerda, por la abrupta ladera suroccidental de este hermano menor de la Maliciosa, y vimos algún hito que otro, además de un terreno accesible. Agreste, pero accesible. Yo ya había estado dos veces antes en esta cima, pero no me había fijado en este detalle. Lo cierto es que ves el comienzo de la bajada, pero es tal el desnivel posterior que pronto desaparece la ladera en un abismo, y ya ves, muchos metros más abajo, la continuación de la cuerda poco antes del Peñotillo Bajo. Puestos a ser elegantes, lo suyo era seguir por la cuerda; al fin y al cabo era lo que habíamos venido haciendo desde que habíamos culminado el corredor central de las Buitreras. A mi me daba cierta rabia, pues esta ladera del Peñotillo quería yo explorarla pero subiendo, no bajando (idea 13 de la lista de posibles planes montañeros). En cualquier caso, si salía bien era una manera muy buena de redondear tan exploratoria e inédita excursión. Y si no, siempre podíamos volver a subir y dar la vuelta por otro lado. Así pues, a ello nos pusimos, momento cuyo incio quedó reflejado en esta foto:



Y realmente la exploración fue entretenida y gratificante. Hubo un momento en que, perdidos los hitos inciales, llegamos a la parte alta de la canal de la siguiente foto. Vista desde aquí, parecía que se podía descender sin problema. Sin embargo, yo no me fiaba del todo, pues no se veía lo que había más abajo de su pradera horizontal inferior. Tras trepar algún risco para intentar vislumbrar mejor su continuación, y a falta de poder confirmar esta última, decidimos desviarnos hacia la derecha (oeste) de la canal, subiendo por una grieta fácil (I+). La decisión fue totalmente acertada, como pudimos ver ya descendido el Peñotillo: la canal conducía a una pared vertical sin salida aparente.



Poco después de la grieta del desvío, volvimos a encontrarnos los hitos que, tras descendernos unos metros por canchal con escasa dificultad, nos llevaron a un tramo de destrepe fácil (I), con el cual entramos en otra nueva y amplia canal, con terreno de pedrera bastante suelta. Por aquí ya bajamos sin mayor problema hacia la base del Peñotillo, como se ve en esta foto.



Y siguiendo con lo de la elegancia, subimos directamente al Peñotillo Bajo (I), desde donde contemplamos lo espectacular de su tocayo mayor (al mismo tiempo que su propia sombra se ve en la parte inferior de la imagen):



El resto de la bajada, ya por senda cómoda hacia el Arroyo de Tijerillas o la Maliciosa, resultó gratificante por uno de esos bonitos atardeceres otoñales cuya luz tanto favor hacen a la afición por la fotografía. Mientras, atrás, siempre imponente, seguía destacando el descendido Peñotillo. Vaya vía, y vaya posible ascensión futura: espectacular.





Una vez en la zona de los aparcamientos de La Barranca, me parecía muy significativa la imágen del Peñotillo desde abajo -porque desde aquí lo que se ve es el Peñotillo, no la cima de la Maliciosa, que está tapada por aquel-. Siempre tan vistoso, siempre tan llamativo, y sin embargo, siempre el obstáculo a bordear (por el norte o por el sur) para subir a La Maliciosa, cuando esa misma cara suroeste del Peñotillo que habíamos tenido tantas veces a la vista desde aquí era (y es), una de las ascensiones más espectaculares que, sin nieve y sin llegar a un grado II de dificultad, se pueden hacer en toda la Sierra de Guadarrama. Ahora mismo no se me ocurre otra más imponente, en cuanto a la vía, en cuanto al desnivel final, y en cuanto a la permanente imagen de esa erguida cima, siempre visible durante todo el itinerario de aproximación; ni siquiera otras a la propia Maliciosa por su cara sur que ya conzoco (insisto, sin llegar al grado II). Pero claro, si de esta no me había dado cuenta hasta ahora que conozco su accesibilidad, igualmente puede haber otras... habrá que seguir explorando...