lunes, 15 de junio de 2009

Cumplido plan 29: La Buitrera.

De Buitrera


ADVERTENCIA: El montañismo es una actividad que supone riesgos. No debe realizarse sin la experiencia y el material adecuados. El autor se exime de toda responsabilidad sobre cualquiera de las posibles decisiones que pudieran tomar al respecto quienes lean esto, y por tanto de sus consecuencias.

De Buitrera


Parece que me cuesta preparar excursiones con un mayor número de participantes sin que ocurran imprevistos. No sólo tuvimos que renunciar al plan inicial de ir a la Sierra de las Parameras (idea 2 de la lista de posibles planes montañeros futuros) debido a las previsiones meteorológicas, sino que –lo que es peor-, Iván se encontró indispuesto y finalmente no pudo venir. Visto desde otra perspectiva, en un principio no contábamos con Carlos, así que puedo estar agradecido al hecho de que, en otro caso, me habría vuelto a quedar solo.

De Buitrera


Dicho todo lo cual, y de nuevo sintiendo sinceramente que Iván no pudiera disfrutarlo, hay que decir que el plan fue realmente entretenido y agradable. Yo ya intuía que era una buena alternativa a la idea inicial de las Parameras, dada la renuncia a la excursión de dos días para eludir las tormentas. Pero nuevamente este sorprendente Macizo de Ayllón volvió a asombrarme, como siempre.

De Buitrera


Ayllón es la otra alternativa para los madrileños que buscamos una escapada montañera de un día. Y tiene un encanto muy especial, gracias a su mucha menor explotación excursionista, con respecto a Guadarrama. Aunque no le tengo el cariño inevitable que profeso a la sierra de los Siete Picos, Peñalara, Maliciosa, Montón de Trigo, Oso o La Pedriza, debo reconocer que su solitaria y desolada apariencia relativa le dan un valor enorme. Los pueblos (salvo precisamente Riaza) son pueblos, no urbanizaciones de chales; las carreteras, pocas, estrechas e intrincadas (de esas de película de miedo) y escasamente transitadas; los domingueros, una especie extraña más allá de las casas rurales o de los hayedos en otoño. Y las montañas, francamente bonitas y transitables: vistosas por su roca pizarrosa, de perfiles llamativos y un característico afloramiento en forma de afiladas piedras que, inclinadas, asoman por encima del suelo como si hubieran clavado oblicuamente unas navajas gigantes los del piso de abajo. Una montaña accesible pero con paisajes sorprendentes, como la Cuerda del Dragón. O como ésta Buitrera. En definitiva, un paraíso cercano.

De Buitrera


Pero, aun sabiéndolo, e incluso aun intuyéndolo de nuevo en esta ocasión, esta sierra no deja de sorprenderme, cada vez que vuelvo a ella. Esta ruta de subida a La Buitrera resultó ser muy atractiva y variada, incluyendo tránsito por zonas rocosas recogidas y vistosas, y hasta algún entretenido tramo de trepada. Y, por si fuera poco, el sabor de la “aventura” (no extrema, ni mucho menos): nos pilló la tormenta a la bajada, con el bueno de Carlos sin chubasquero… A buscar refugio en la mencionadas rocas inclinadas (que tenían la inclinación adecuada –para nosotros- a la dirección de la tormenta y de la caída de la lluvia: hubo suerte), a darnos prisa entre aguacero y aguacero para evitar que la roca estuviera mojada en el antes mencionado destrepe, y finalmente a esperar, sin prisa (e incluso con disfrute) a que pasaran los últimos chaparrones mientras descansábamos bajo un buen techo de roca… Siendo vivencias relativamente sencillas y asequibles, tienen el encanto del rigor de la vida a la intemperie, y la impresión de las fuerzas de la naturaleza en medio de lugares deshabitados: la visión de los rayos desde la altura, la panorámica del paso de los aguaceros a lo lejos en la llanura, la música épica de los truenos… no es miedo lo que se debe sentir: es admiración. Por otro lado, me encanta el colorido del campo y la nitidez de las vistas cuando sale el sol tras una lluvia. Podría ser algo meramente estético, por sí mismo precioso, pero además encierra una metáfora psicológicamente positiva.

De Buitrera


Lo que más valoro de esta excursión con respecto a las anteriores, a parte del hecho de poder compartirla in situ (no tener que decirme a mi mismo, sino a otra persona, aquello de: “¿a que mola el sitio?”), es que, impresionado aún por los recientes paisajes espectaculares de Sierra Nevada y Pirineos, puedo seguir apreciando e incluso sorprendiéndome de panoramas en principio más humildes. Cada paisaje tiene su encanto; toda montaña es bonita porque, mientras el hombre no la haya afeado, toda montaña es lo que tiene que ser. En el Valle de Tena, la Sierra de la Partacúa podía destacar sobre el paisaje ondulado del Río de Escarra o de la Lana Mayor, pero no me impedía disfrutar también de ese paisaje ondulado, mucho más modesto que el paredón de Peña Telera: ¿por qué en esta preciosa Sierra de Ayllón no iba a apreciar igualmente otros bonitos paisajes, de montaña asequible, si además no hay cerca otro paisaje que pueda hacerle sombra? Creo que ese es el secreto del montañismo que no cansa, que no se desgasta: Darse cuenta (porque no es un sentimiento forzado o conformista) de que no sólo hay belleza en la más difícil de las ascensiones, o en la más impresionante de las montañas. Espero poder seguir teniendo esta visión abierta de las montañas, y no caer en los mismos errores de excursiones como la Peña del Rayo. Pero no siempre es fácil intuir qué te va a gustar y qué no…

De Buitrera


Todas las fotos de la excursión

Descripción de la ascensión

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